Secuestran a patrullero de la Policía en una vía de Policarpa, Nariño
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Un patrullero de la Policía Nacional habría sido secuestrado por un grupo armado ilegal en una vía de Policarpa, Nariño, cuando regresaba de una cita médica en Pasto. El caso vuelve a exhibir el control territorial de las estructuras armadas en una de las zonas más golpeadas por la guerra.
Un patrullero de la Policía Nacional habría sido secuestrado por un grupo armado ilegal en una vía del municipio de Policarpa, Nariño, en un hecho que vuelve a desnudar la fragilidad de la presencia estatal en el sur del país. El uniformado, que se movilizaba como pasajero en un vehículo de servicio público, regresaba a su lugar de origen después de asistir a una cita médica en Pasto cuando ocurrió la interceptación, según informó El Tiempo (Colombia).
De acuerdo con la información conocida hasta ahora, el caso se habría producido en un corredor rural donde la movilidad civil suele quedar a merced de actores armados que disputan el control de caminos, veredas y economías ilegales. El hecho no solo compromete la libertad de un integrante de la Fuerza Pública, sino que también envía un mensaje de intimidación a la población que depende de esos trayectos para trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos en una región donde viajar sigue siendo, en muchas ocasiones, un acto de riesgo.
Lo ocurrido en Policarpa no es un episodio aislado. Nariño sigue siendo uno de los departamentos más sensibles del mapa de seguridad en Colombia por la presencia de disidencias, grupos armados organizados y redes asociadas al narcotráfico, que encuentran en su geografía montañosa y en sus corredores hacia el Pacífico una ventaja estratégica. Que un patrullero termine retenido en un transporte público, lejos de cualquier operación formal y en plena movilidad cotidiana, muestra hasta qué punto estos actores ilegales han logrado imponer reglas propias sobre las carreteras y condicionar la vida civil. El episodio también reabre preguntas incómodas sobre la capacidad de protección del Estado en zonas donde la autoridad se anuncia, pero no siempre se siente.
El caso debe leerse además en clave política y humanitaria. Para las comunidades de Policarpa y municipios vecinos, este tipo de hechos agrava el miedo, reduce la circulación y profundiza el aislamiento de poblaciones que ya enfrentan pobreza, precariedad institucional y economías ilegales como telón de fondo. Si se confirma el secuestro, el desafío no será solo la liberación del patrullero, sino demostrar que el Estado puede responder en territorios donde la violencia armada sigue marcando el ritmo de la vida diaria y donde cada retén ilegal recuerda que la guerra, en Nariño, aún no termina.



