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Sacerdote muere en Guayaquil tras caerle un crucifijo durante misa

Hace 10 horas
Sacerdote muere en Guayaquil tras caerle un crucifijo durante misa

Imagen: BBC Mundo

El sacerdote Patricio Alfredo Sánchez Molinari murió tras ser golpeado por un enorme crucifijo que se desprendió durante una misa en la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en el centro de Guayaquil. El hecho, captado en una transmisión en vivo, conmocionó a la comunidad católica de la ciudad.

La muerte del sacerdote Patricio Alfredo Sánchez Molinari, ocurrida tras el impacto de un enorme crucifijo que cayó durante una misa en Guayaquil, ha sacudido a la comunidad católica de esa ciudad ecuatoriana. El accidente se produjo en la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en pleno centro de la urbe, mientras la ceremonia era transmitida en vivo, lo que amplificó el impacto de una escena que muchos fieles presenciaron en tiempo real.

De acuerdo con la información divulgada por BBC Mundo, Sánchez Molinari recibió el golpe dentro del templo y falleció a causa de la gravedad de las lesiones. Hasta el momento, la base informativa conocida no detalla las circunstancias exactas que llevaron al desprendimiento del crucifijo ni si hubo fallas estructurales previas, pero el episodio dejó en evidencia la vulnerabilidad de los espacios religiosos cuando no existe una revisión técnica periódica de sus elementos de culto y ornamentos pesados.

Más allá de la tragedia puntual, el caso abre preguntas incómodas sobre el estado de conservación de iglesias y templos antiguos en ciudades como Guayaquil, donde muchas edificaciones combinan valor patrimonial con uso cotidiano intensivo. También recuerda que la transmisión en directo, cada vez más común en actos religiosos, convierte cualquier accidente en un hecho de alto alcance público y emocional. En una ciudad marcada por tensiones sociales y desafíos urbanos, una muerte así no solo enluta a la iglesia: también obliga a revisar protocolos de seguridad en espacios donde asisten decenas de personas cada semana.

La noticia golpea por su crudeza y por lo inesperado del desenlace. Para los fieles de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la misa de ese día quedó convertida en una escena de duelo, y para Guayaquil en un recordatorio de que una falla aparentemente menor puede terminar en tragedia cuando coincide con el peso simbólico —y físico— de un objeto tan grande como un crucifijo.

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