Política

Diez años después, el plebiscito por la paz sigue dividiendo la política colombiana

Hace 3 horas

Diez años después del plebiscito de 2016, la fractura entre el Sí y el No sigue viva en la política colombiana y aún ordena el debate electoral. La votación, que prometía cerrar una etapa de guerra, terminó consolidando una división que todavía pesa en las urnas.

A una década del plebiscito por la paz, Colombia no ha terminado de salir de la trinchera simbólica que abrió aquella votación. El país que acudió a las urnas para decidir si respaldaba el acuerdo con las FARC sigue atrapado en una polarización que, lejos de disiparse, se recicló en campañas, gobiernos y disputas electorales posteriores. El Sí y el No dejaron de ser solo una respuesta frente al acuerdo de La Habana: se convirtieron en una forma de leer la política nacional y de medir lealtades, desconfianzas y emociones que todavía separan al electorado.

La discusión, según el balance que recoge El Tiempo - Política, sigue reapareciendo cada vez que el país entra en temporada electoral. Lo que en 2016 se presentó como una consulta sobre el fin de la guerra terminó funcionando como una gran encuesta moral y partidista sobre el rumbo de Colombia. Desde entonces, el acuerdo de paz ha sido usado tanto como bandera de reconciliación como argumento de confrontación, y esa tensión ha terminado influyendo en la construcción de mayorías, en la narrativa de los partidos y en la forma en que los candidatos intentan posicionarse frente al poder, la seguridad y la implementación de lo pactado.

Lo relevante de este aniversario no es solo la memoria del resultado, sino el hecho de que el país aún no ha encontrado una síntesis política capaz de superar esa división. El plebiscito no cerró el conflicto; tampoco cerró la disputa sobre cómo contarlo. Para una parte del país, representó la posibilidad de tramitar décadas de violencia por la vía institucional. Para otra, dejó la sensación de una negociación incompleta, impuesta o mal explicada. Esa herida narrativa siguió alimentando campañas posteriores, reforzando el voto emocional y dificultando la construcción de consensos duraderos sobre seguridad, justicia transicional y presencia del Estado en los territorios. En otras palabras, la Colombia electoral de hoy sigue votando, en parte, sobre el eco de aquel referendo fallido.

Por eso este nuevo aniversario importa más allá de la conmemoración. La polarización del plebiscito no quedó congelada en la historia: mutó, se adaptó y sigue influyendo en la manera como se organizan las fuerzas políticas en el país. Mientras no exista una conversación pública menos instrumental sobre la paz, el debate seguirá atrapado entre quienes quieren capitalizar el miedo y quienes apelan a la memoria del acuerdo como promesa incumplida. Diez años después, el plebiscito sigue siendo una línea divisoria en el mapa electoral colombiano, y también un recordatorio de que las votaciones pueden cerrar una jornada, pero no necesariamente una herida colectiva.

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