Mundo

Colombia llega a las urnas con más crecimiento, menos pobreza y un hueco fiscal inquietante

Hace 2 horas

Colombia vota este domingo con una economía que avanzó en crecimiento social, pero dejó una cuenta fiscal pesada. El próximo presidente heredará el reto de sostener los logros sin desbordar las finanzas públicas.

Colombia llega a estas elecciones con una paradoja difícil de ignorar: en el gobierno de Gustavo Petro hubo avances en la reducción de la pobreza y la desigualdad, pero también quedó una economía más exigida por el gasto público y con el mayor déficit fiscal de la región. Ese contraste no es un detalle técnico; es la herencia central que recibirá el próximo presidente, que deberá decidir si corrige el rumbo con ajustes, si protege la inversión social o si intenta una combinación de ambas cosas en un país políticamente polarizado.

De acuerdo con la información base de la contienda, la administración saliente apostó por una política expansiva del gasto del Estado como mecanismo para aliviar las tensiones sociales y empujar una mejor distribución del ingreso. Esa estrategia tuvo efectos visibles en los indicadores sociales, pero también dejó una factura pesada en las cuentas públicas. En paralelo, el país llega a la jornada electoral con dos aspirantes que representan visiones opuestas sobre cómo manejar la economía: uno más dispuesto a mantener la presencia activa del Estado y otro más inclinado a corregir el déficit con disciplina fiscal, recorte del gasto y señales más claras al mercado.

El punto de fondo es que el crecimiento por sí solo no resuelve el problema colombiano. Si ese crecimiento no viene acompañado de una senda fiscal creíble, la bonanza se vuelve frágil y depende demasiado de la deuda, de la confianza de los inversionistas y de la capacidad del Estado para seguir financiando programas sociales. Por eso esta elección importa más allá del resultado político inmediato: define si el país sigue apostando por un Estado gastador para corregir desigualdades estructurales o si gira hacia un ajuste que, aunque necesario para estabilizar las cuentas, puede golpear a los hogares de menores ingresos si se hace sin cuidado. En una economía como la colombiana, el margen de error es pequeño y cualquier decisión tarde o temprano termina sintiéndose en el bolsillo de la gente.

El próximo presidente no solo recibirá una lista de promesas electorales por cumplir, sino una economía con tensiones acumuladas. El reto será enorme: recuperar equilibrio fiscal sin desmontar lo avanzado en pobreza y desigualdad. Ahí estará la verdadera prueba de gobierno, porque administrar bien en Colombia ya no significa escoger entre crecimiento o justicia social, sino demostrar que ambas cosas pueden sostenerse sin llevar al país a un ajuste traumático o a una crisis de confianza.

Noticias relacionadas