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La oposición israelí depende del voto árabe para desafiar a Netanyahu

Hace 2 horas

La crisis política israelí volvió a poner sobre la mesa una pregunta de fondo: si la oposición puede gobernar sin apoyarse en los partidos árabes. Aunque esos diputados le darían una mayoría clara frente a Benjamin Netanyahu, muchos legisladores judíos siguen resistiéndose a esa alianza.

La aritmética parlamentaria en Israel ofrece hoy una salida clara contra Benjamin Netanyahu: la oposición sumaría una mayoría suficiente si incorpora a los diputados árabes. Pero esa posibilidad, que en números parece simple, abre una discusión mucho más profunda sobre la identidad del Estado, los límites de la representación y los prejuicios que siguen marcando la política israelí. En el centro del debate está una pregunta incómoda: ¿puede funcionar una mayoría democrática si parte de sus propios integrantes insiste en excluir a ciudadanos árabes de la ecuación del poder?

Según informó clarin colombia, los bloques opositores tienen en los representantes árabes un respaldo decisivo para desbancar al primer ministro, pero varios diputados judíos intentan evitar que ese apoyo se convierta en un acuerdo explícito de gobierno. Esa resistencia no responde solo a diferencias programáticas. También revela el costo político de convivir con una población árabe que, aunque participa en las instituciones, sigue siendo tratada por sectores del sistema como un socio incómodo, útil en el conteo de votos pero difícil de aceptar como aliado legítimo. La paradoja es evidente: sin ellos, la alternativa a Netanyahu se debilita; con ellos, la coalición enfrenta tensiones internas y presiones externas.

Este episodio importa mucho más allá de la coyuntura israelí. Israel lleva años atrapado en una crisis recurrente de gobernabilidad, con elecciones repetidas y mayorías frágiles, en buena medida porque el sistema político quedó fragmentado y polarizado. En ese escenario, los partidos árabes no son un actor accesorio: representan a una parte sustancial de la ciudadanía y pueden inclinar la balanza en momentos decisivos. La pregunta de fondo no es solo si la oposición acepta o no ese apoyo, sino qué tipo de democracia está dispuesta a construir. Una que funcione únicamente cuando excluye a una minoría, o una que asuma que gobernar también implica negociar con quienes históricamente han sido marginados. Para la política israelí, la respuesta no es simbólica: define si el país quiere salir de su bloqueo institucional o seguir prisionero de él.

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