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Bailar para enfrentar el alzhéimer: una terapia que mejora ánimo y equilibrio

Hace 2 horas

Una veintena de personas con alzhéimer y otras demencias cerró en Barcelona un programa de danza terapéutica que apunta a beneficios reales en el ánimo y el equilibrio. La experiencia, impulsada por entidades culturales y sanitarias, refuerza la apuesta por terapias no farmacológicas en la atención a la demencia.

Una veintena de personas con alzhéimer y otras demencias participó este año en la cuarta edición de ‘Dit-Dit’, un proyecto de danza que en Barcelona volvió a poner sobre la mesa una idea cada vez más difícil de ignorar en la atención a la demencia: el cuerpo también recuerda, se comunica y responde aunque la memoria falle. La iniciativa, organizada por la fundación Ace Alzheimer Center Barcelona y la Fundació Castell de Peralada, cerró su ciclo con una sesión en el Espacio La Caldera, donde los pacientes bailaron junto a sus familiares después de 42 encuentros guiados desde enero por el equipo de CondeGalí.

La experiencia no se limitó a mover el cuerpo al ritmo de la música. Según explicó a EFE Amèrica Morera, directora de la Unidad de Atención Diurna de Ace, el programa busca trabajar la interpretación corporal, la relación con los demás y la expresión emocional a través de la improvisación guiada y el contacto. En esta edición, alrededor del 80 % de los participantes padecía alzhéimer en distintas fases, y la dinámica del trabajo partió de algo tan simple como la conexión entre dos dedos, una metáfora pequeña pero poderosa de lo que suele faltar en estos pacientes: vínculo, confianza y una forma de decir lo que no siempre pueden verbalizar. Morera aseguró que notaron mejoras en la calidad de vida, con usuarios “más contentos” y “más felices”, además de avances en el equilibrio y una mayor disposición a participar.

Lo relevante de esta propuesta es que confirma una tendencia que gana espacio en España y en otros países: la búsqueda de terapias no farmacológicas para acompañar enfermedades neurodegenerativas que no tienen cura. En un contexto en el que las familias cargan con el peso del cuidado diario y los sistemas de salud enfrentan el envejecimiento de la población, iniciativas como ‘Dit-Dit’ muestran que el bienestar no depende solo de frenar el avance clínico de la enfermedad, sino de ofrecer momentos de autonomía, placer y reconocimiento. Que varios participantes hayan repetido la palabra “alegría” para describir la experiencia no es un detalle menor; habla de una necesidad básica, a menudo relegada en la atención geriátrica: sentirse vivos, aunque la memoria ya no acompañe.

Desde 2023, el proyecto ha beneficiado a cerca de un centenar de usuarios, un dato modesto en escala pero valioso en significado. En enfermedades como el alzhéimer, donde el deterioro suele medirse en pérdidas, cada intervención que logre mejorar la relación con el entorno, reducir la frustración y fortalecer el vínculo con la familia tiene un impacto que trasciende la sala de baile. No resuelve la enfermedad, claro, pero sí modifica la experiencia de vivirla. Y en eso, para pacientes y cuidadores, hay una diferencia enorme.

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