Uribe, De la Calle y víctimas reabren la fractura del plebiscito de paz en el Congreso
Imagen: El Tiempo - Política
En la Comisión Primera de la Cámara, antiguos negociadores, opositores, víctimas y firmantes de paz revivieron las tensiones del plebiscito de 2016. El debate mostró que, ocho años después, la legitimidad del acuerdo sigue siendo una herida política abierta.
La Comisión Primera de la Cámara convirtió este debate en un espejo de las fracturas que aún arrastra el acuerdo de paz con las Farc: allí coincidieron, pero no necesariamente se escucharon, figuras como Álvaro Uribe, Humberto de la Calle, víctimas del conflicto y firmantes del proceso. Según informó El Tiempo - Política, el intercambio dejó en evidencia que el plebiscito de 2016 no solo fue una disputa sobre un texto, sino sobre la legitimidad misma de la salida negociada a la guerra, una discusión que sigue definiendo la agenda política colombiana.
Lo que ocurrió en el Congreso fue más que un ejercicio de memoria. Exnegociadores, opositores y representantes de las víctimas expusieron lecturas encontradas sobre el resultado de la consulta y sobre el alcance real del acuerdo firmado en La Habana. Para unos, el plebiscito reflejó un país dividido frente a la forma en que se cerró el conflicto; para otros, la campaña y el resultado terminaron debilitando una oportunidad histórica de transformación. De acuerdo con lo que reseñó El Tiempo - Política, las intervenciones dejaron claro que todavía no existe un relato compartido sobre por qué ganó el “No”, qué se corrigió después y qué quedó intacto del acuerdo.
Ese desacuerdo importa porque el plebiscito no fue un episodio aislado, sino el punto de inflexión que marcó la implementación posterior del acuerdo y la manera en que la derecha, el centro y la izquierda han usado la paz como bandera, como crítica o como advertencia. En Colombia, la conversación sobre la paz rara vez se queda en el pasado: cada balance sobre La Habana termina afectando debates actuales sobre seguridad, reincorporación, reparación y presencia del Estado en los territorios. Por eso, lo discutido en la Comisión Primera no solo reabrió viejas heridas; también recordó que, mientras no haya una comprensión mínima compartida sobre lo que falló en el plebiscito y en su implementación, cualquier nuevo intento de negociación cargará con la desconfianza acumulada durante años.
La escena también deja una conclusión incómoda: el país sigue discutiendo la paz como si el conflicto hubiera terminado en el papel, cuando en realidad sus efectos continúan en las regiones, en la política nacional y en la vida cotidiana de las víctimas. Ocho años después, el plebiscito sigue operando como un parteaguas emocional y electoral. Y eso explica por qué, cada vez que se revive, no solo se recuerda el pasado: se mide, de nuevo, la capacidad de Colombia para cerrar sus guerras sin volver a romperse en el intento.




