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Una carcasa de fuegos deja heridos en la playa de Altea durante el Castell de l’Olla

Hace 1 hora

Un lanzamiento del Castell de l’Olla en Altea dejó al menos tres heridos, dos con quemaduras y uno con contusiones, tras el impacto de una carcasa en la playa. El accidente reabre el debate sobre la seguridad en los espectáculos pirotécnicos masivos.

Un lanzamiento del tradicional Castell de l’Olla, en Altea (Alicante), terminó la pasada madrugada con al menos tres personas heridas y un susto mayúsculo entre los asistentes que seguían el espectáculo desde la arena. Según informó el Centro de Coordinación de Urgencias de la Generalitat valenciana, un hombre de 55 años y una mujer de 24 sufrieron quemaduras, mientras que un joven de 19 años resultó con contusiones tras el incidente ocurrido durante la celebración pirotécnica.

Los dos afectados por quemaduras fueron trasladados en un Servicio Vital Básico desde el centro de salud de Altea hasta el hospital de la Marina Baixa, en la Vila Joiosa. El joven herido con contusiones también fue evacuado en ambulancia al IMED, de acuerdo con el CICU. El presidente de la Cofradía Castell de l’Olla, José Pérez, explicó a EFE que una de las carcasas del espectáculo se desvió de su trayectoria prevista y cayó en el arenal de la playa, donde se concentraba numeroso público para ver uno de los eventos más emblemáticos del verano en la Costa Blanca.

Más allá del parte médico, el episodio vuelve a poner bajo la lupa un tipo de festejo que combina tradición, turismo masivo y riesgo real. El Castell de l’Olla es uno de los grandes atractivos festivos de la provincia de Alicante, capaz de reunir a miles de personas en un entorno abierto, con una logística compleja y con márgenes de seguridad que, cuando fallan, exponen de inmediato al público. La versión ofrecida por la cofradía apunta a un proyectil que avanzó más de lo previsto, pero también a una reacción en cadena: gente corriendo, tropiezos con las piedras del arenal y lesiones derivadas del pánico, no solo del impacto directo. Esa mezcla de accidentes pirotécnicos y desorden entre asistentes suele agravar el balance final de heridos.

La organización lamentó lo ocurrido, deseó una pronta recuperación a los afectados y agradeció la respuesta de los servicios de emergencia y sanitarios. El caso deja una lección incómoda para la gestión de este tipo de eventos: no basta con que el espectáculo funcione como celebración colectiva, también debe garantizar que el entusiasmo no se convierta en riesgo. En una zona donde el turismo y las fiestas populares son parte del motor económico, la seguridad pública no puede quedar en segundo plano; cada incidente de este tipo recuerda que un error de cálculo en una noche de fiesta puede terminar en una madrugada de urgencias.

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