Vecinos de San Juan de Miraflores exigen frenar prostitución clandestina cerca de colegios y mercados

Imagen: infobae
Vecinos de San Juan de Miraflores volvieron a protestar por la presencia de prostitución clandestina en hostales de la zona de Ciudad de Dios, a pocos metros de colegios y mercados. Denuncian que los operativos no han frenado la actividad y exigen más seguridad para las familias.
La tensión volvió a subir en San Juan de Miraflores. Residentes de la zona cercana al mercado Ciudad de Dios denunciaron que la prostitución clandestina sigue operando en hostales del sector, pese a los operativos municipales realizados en las últimas semanas, y advirtieron que la situación se ha vuelto especialmente preocupante por la cercanía con colegios, comercios y espacios transitados por familias.
De acuerdo con lo reportado por Infobae, los vecinos aseguran que la actividad persiste en distintos puntos del entorno urbano, lo que ha alimentado el malestar entre quienes viven y trabajan allí. Su reclamo no se limita al cierre de locales puntuales: exigen una respuesta sostenida de las autoridades que incluya control permanente, presencia policial y medidas concretas para recuperar la tranquilidad en una zona que consideran expuesta a dinámicas delictivas y de explotación que afectan la convivencia cotidiana.
El problema pone sobre la mesa un conflicto que en muchas ciudades latinoamericanas se repite con frecuencia: la distancia entre los operativos aislados y la capacidad real del Estado para desarticular redes que se adaptan rápidamente a las intervenciones. Cuando este tipo de actividad se instala cerca de escuelas y mercados, el debate deja de ser solamente moral o administrativo y pasa a tocar la seguridad barrial, la protección de menores y el derecho de las familias a circular sin temor. En zonas densamente pobladas como Ciudad de Dios, cada punto de tolerancia institucional termina siendo leído por los vecinos como una señal de abandono.
Más allá del caso puntual, lo que ocurre en San Juan de Miraflores revela una discusión de fondo sobre la gestión urbana y la seguridad en distritos populares: no basta con reaccionar cuando estalla la protesta vecinal. Si las autoridades no sostienen vigilancia, fiscalización y coordinación entre municipio y policía, el problema reaparece y erosiona la confianza de la comunidad. Para los vecinos, lo que está en juego no es solo el orden en la zona, sino la posibilidad de que sus hijos estudien, compren y caminen por el barrio sin que la ilegalidad se normalice a la vuelta de la esquina.




