Popayán se moviliza por Sonia Sarmiento en medio del retorno del secuestro al Cauca
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Popayán vivió una velatón por Sonia Sarmiento, secuestrada en el Cauca, en un acto que mezcló fe, presión ciudadana y miedo creciente. La jornada refleja una región golpeada por el repunte de secuestros y la sensación de que la violencia volvió a marcar la vida cotidiana.
La noche en Popayán se convirtió en un reclamo público por la vida de Sonia Sarmiento, cuya liberación exigen familiares, allegados y ciudadanos en medio de una nueva escalada de secuestros en el Cauca. La velatón, cargada de oraciones y mensajes dirigidos a sus captores, fue más que un gesto simbólico: fue la expresión de una ciudad que vuelve a mirar de frente una violencia que creía parcialmente contenida.
La concentración reunió a decenas de personas que llevaron velas, hicieron plegarias y pidieron respeto por la integridad de Sarmiento. Aunque no se conocieron detalles adicionales sobre su caso en esta jornada, el acto dejó ver el nivel de angustia que atraviesa a su entorno y la capacidad de este tipo de ceremonias para convertir el dolor privado en presión social. En regiones como el Cauca, donde las familias suelen enfrentar solas la incertidumbre de un secuestro, estas manifestaciones terminan siendo también una forma de exigir presencia del Estado.
El episodio no puede leerse de manera aislada. El Cauca carga desde hace años con una combinación explosiva de disputas armadas, control territorial por parte de grupos ilegales y debilitamiento institucional en varias zonas rurales. Cuando el secuestro reaparece con fuerza, no solo afecta a la víctima y a su familia: envía un mensaje de dominio sobre comunidades enteras, restringe la movilidad, frena la actividad económica y siembra temor entre comerciantes, transportadores y habitantes que dependen de salir a trabajar cada día. Por eso importa tanto lo que pasó en Popayán: porque revela que el secuestro, además de un crimen, sigue siendo una herramienta de presión y control en una región donde la seguridad continúa en entredicho.
La velatón deja una imagen poderosa, pero también una pregunta incómoda: cuántos actos como este tendrán que repetirse antes de que el Cauca deje de convivir con la normalización del secuestro. Mientras la ciudadanía enciende velas, el desafío sigue siendo el mismo para las autoridades: proteger a las personas, desarticular a los responsables y evitar que el miedo se convierta en rutina.



