Sicario asesina en Barranquilla a alias La Mona, ligada a la red de Los Costeños
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Un ataque sicarial en Barranquilla terminó con la muerte de alias La Mona, expareja de alias Castor, señalado jefe de Los Costeños. La víctima, que tenía cuatro anotaciones judiciales, fue atacada cuando estaba por subir a una camioneta y recibió siete disparos.
Barranquilla volvió a quedar sacudida por la violencia criminal con el asesinato de alias La Mona, expareja de alias Castor, identificado por las autoridades y la prensa local como uno de los jefes de Los Costeños. De acuerdo con la información difundida por El Tiempo (Colombia), la mujer fue atacada en el momento en que se disponía a subirse a una camioneta, en un crimen ejecutado con precisión y que terminó con siete impactos de bala. La escena, registrada en video, dejó en evidencia la frialdad con la que operan estos ataques en plena ciudad: movimientos calculados, una víctima en tránsito y un agresor que actúa en segundos.
El caso llama la atención no solo por la forma en que ocurrió, sino por el historial de la víctima. Según reportó El Tiempo (Colombia), alias La Mona tenía cuatro anotaciones judiciales, un dato que la ubica dentro de un entorno marcado por la reincidencia, los vínculos con redes delictivas y la exposición constante a represalias. Aunque ese antecedente no explica por sí solo el asesinato, sí ayuda a leer el contexto: en ciudades como Barranquilla, donde confluyen disputas por el control territorial, extorsión, microtráfico y venganzas entre estructuras criminales, los nombres conocidos dentro de esos circuitos suelen convertirse en objetivos de alto riesgo. El hecho de que el ataque ocurriera justo antes de que abordara un vehículo sugiere además vigilancia previa y una operación pensada para no dejar margen de reacción.
Este homicidio importa porque Barranquilla y su área metropolitana han vivido durante años una presión sostenida de grupos como Los Costeños, cuya presencia ha estado asociada a una cadena de homicidios, intimidaciones y cobros ilegales que golpean tanto a comerciantes como a barrios populares. Cuando una figura vinculada a ese mundo cae de esta manera, el mensaje suele ser doble: por un lado, revela fracturas internas o ajustes de cuentas dentro de las redes criminales; por otro, recuerda la limitada capacidad del Estado para anticipar y desactivar esos ataques antes de que ocurran. En Colombia, donde la violencia urbana ya no se expresa solo en enfrentamientos abiertos sino en asesinatos selectivos con seguimiento y armas de corto alcance, estos hechos terminan afectando la vida cotidiana de miles de personas que simplemente transitan, trabajan o viven cerca de los puntos donde opera el crimen organizado.
La muerte de alias La Mona se suma así a una larga lista de episodios que confirman que la disputa por el control criminal en la costa Caribe sigue activa. Más allá del nombre de la víctima y de su relación con alias Castor, el hecho pone sobre la mesa una realidad más amplia: mientras las estructuras ilegales mantengan capacidad de movilidad, armas y redes de información, los barrios de Barranquilla seguirán expuestos a una violencia que se ejecuta en segundos, pero deja consecuencias duraderas para toda la ciudad.



