Magdalena advierte que bloqueos en la Troncal del Caribe ya estarían bajo control de las ACSN
Imagen: El Tiempo (Colombia)
La Gobernación del Magdalena advirtió que los bloqueos en la Troncal del Caribe ya no responden solo a reclamos campesinos. Según Margarita Guerra, detrás de la protesta habría perdido peso la agenda social y ganado espacio el control de las ACSN.
La Gobernación del Magdalena encendió las alarmas por los bloqueos en la Troncal del Caribe al asegurar que la protesta habría dejado de ser un reclamo social para convertirse en un escenario de control de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN). La advertencia, atribuida a Margarita Guerra, marca un giro delicado en un corredor vial estratégico para el Caribe colombiano, donde una interrupción del tránsito no solo afecta la movilidad entre Santa Marta, Ciénaga y el resto del litoral, sino también el abastecimiento, el turismo y la economía cotidiana de miles de personas que dependen de esa ruta para trabajar o mover mercancías.
De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo (Colombia), la funcionaria sostuvo que la situación se transformó después de los operativos desarrollados en Quebrada del Sol, un punto que en los últimos meses ha estado asociado a tensiones de orden público en la Sierra Nevada. Según esa lectura institucional, lo que comenzó como inconformidad de comunidades campesinas por la presión de los operativos y el impacto sobre sus dinámicas territoriales habría sido absorbido por actores armados que buscan influir en la protesta y en el control del territorio. Esa diferencia no es menor: en Colombia, cuando una manifestación pasa de la exigencia social a la presión armada, el Estado deja de enfrentar solo una crisis de diálogo y entra en una disputa de soberanía en la práctica.
El caso importa porque la Troncal del Caribe no es una vía cualquiera. Es una arteria logística y social para Magdalena y para buena parte de la región, y cada bloqueo eleva el costo de la vida, retrasa el transporte de alimentos y golpea a conductores, comerciantes y viajeros que quedan atrapados entre el descontento comunitario y la intervención de estructuras ilegales. Además, esta denuncia vuelve a poner sobre la mesa un problema recurrente en zonas rurales del país: la dificultad de distinguir entre protesta legítima y captura criminal del malestar social. Cuando esa línea se borra, la población termina pagando la factura dos veces: por la falta de soluciones estatales y por la imposición de actores que se aprovechan del vacío.
En ese contexto, el mensaje de la Gobernación es también una señal política. No se trata únicamente de levantar un bloqueo, sino de definir quién habla realmente en nombre de la comunidad y bajo qué condiciones se está ejerciendo presión sobre la vía. Si la interpretación oficial se confirma, el episodio dejaría ver que la conflictividad en la Sierra Nevada ya no se limita a demandas locales, sino que está atravesada por disputas de control territorial más amplias, con efectos directos sobre la seguridad regional. Para la gente de a pie, el resultado es el mismo: más incertidumbre, más desabastecimiento y una sensación cada vez más extendida de que en algunos tramos del Caribe la protesta ya no camina sola.



