Barranquilla estalla por video de hombre arrojando residuos de neveras al alcantarillado
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Un video grabado en Barranquilla desató indignación por mostrar a un hombre arrojando residuos de neveras directamente al alcantarillado. El caso ocurre semanas después de que el arroyo León se taponara por desechos similares, según alertaron las autoridades.
Barranquilla volvió a verse obligada a mirar de frente un problema que suele esconderse bajo el asfalto: la disposición criminalmente irresponsable de residuos voluminosos en el sistema de drenaje. Un video que circuló en redes mostró a un sujeto arrojando restos de neveras directamente al alcantarillado, un acto que provocó rechazo inmediato y llevó a las autoridades a anunciar su búsqueda. La imagen no solo indignó por la torpeza del hecho, sino porque expone una práctica que termina golpeando a toda la ciudad cuando las lluvias llegan y el agua no tiene por dónde correr.
La reacción más visible fue la del alcalde Alejandro Char, quien condenó de manera tajante el comportamiento y respaldó la identificación del responsable. El episodio adquirió mayor gravedad porque no se trata de un caso aislado ni de un simple gesto de mal civismo: semanas atrás, el arroyo León ya se había taponado precisamente con este tipo de desechos, confirmando que la acumulación de escombros, electrodomésticos dañados y basura pesada sigue siendo un riesgo real para el sistema de drenaje urbano. En una ciudad como Barranquilla, donde los arroyos han sido históricamente una amenaza para la movilidad y la seguridad durante la temporada de lluvias, cada obstrucción puede convertirse en una emergencia.
El fondo del problema va más allá de un video viral. Lo que está en juego es la fragilidad de la infraestructura frente a prácticas ciudadanas que convierten los canales de desagüe en botaderos improvisados. Barranquilla ha invertido durante años en obras para controlar sus arroyos, pero esos esfuerzos pierden eficacia cuando algunos ciudadanos deciden deshacerse de residuos pesados sin control ni conciencia del daño colectivo. El caso también pone presión sobre las autoridades distritales, que no solo deben ubicar al responsable, sino demostrar que habrá sanciones y seguimiento real, porque la repetición de estos hechos envía un mensaje peligroso: que contaminar el sistema público sale gratis.
Lo que suceda en los próximos días será clave para medir si la indignación se traduce en correctivos o si el episodio terminará siendo solo otra anécdota viral. Para la gente común, el asunto no es menor: un alcantarillado tapado significa más inundaciones, más daños en viviendas y negocios, y más riesgo en barrios que ya cargan con las consecuencias de una mala cultura de disposición de residuos. En Barranquilla, donde cada aguacero pone a prueba la ciudad, arrojar una nevera al drenaje no es una imprudencia menor: es una agresión directa contra la seguridad urbana.




