Westcol dice prepararse para un apocalipsis tecnológico y compra provisiones

Imagen: infobae colombia
Westcol dijo que se prepara para un posible colapso tecnológico y aseguró haber comprado provisiones para más de un año. El streamer habló de un supuesto ciberataque que tumbaría bancos, internet y energía, sin mostrar pruebas de que eso vaya a ocurrir.
El streamer Westcol volvió a poner su nombre en el centro de la conversación pública al asegurar que se está preparando para un eventual “apocalipsis tecnológico”, un escenario que, según su planteamiento, podría incluir la caída de bancos, internet y hasta del servicio de energía. En medio de esa teoría, afirmó que ya compró provisiones para más de un año, aunque no presentó evidencia que respalde que un colapso de esa magnitud esté cerca o siquiera sea probable.
De acuerdo con lo difundido por infobae colombia, la idea del creador de contenido gira alrededor de un supuesto ciberataque capaz de paralizar sistemas básicos de la vida moderna. Westcol no confirmó que vaya a ocurrir, pero sí insistió en que considera posible un escenario de ese tipo y que por eso tomó medidas preventivas. Su declaración se suma a una tendencia creciente entre figuras públicas y usuarios de redes que alimentan temores sobre vulnerabilidades tecnológicas sin distinguir entre riesgos reales, hipótesis y especulación.
Lo relevante aquí no es solo la extravagancia del anuncio, sino la forma en que este tipo de mensajes circula y encuentra audiencia en un contexto marcado por la desconfianza hacia la infraestructura digital. Hoy la vida cotidiana depende de plataformas bancarias, redes de telecomunicaciones, sistemas de pago y servicios de energía cada vez más interconectados; por eso, cualquier alarma sobre un eventual colapso tecnológic tiene eco inmediato. Sin embargo, una cosa es reconocer que los ciberataques existen y que los sistemas pueden fallar, y otra muy distinta es convertir esa posibilidad en una profecía sin sustento. En ese terreno, la responsabilidad pesa especialmente sobre quienes tienen millones de seguidores y capacidad de moldear percepciones.
El caso también deja una pregunta de fondo: hasta dónde llega la frontera entre la opinión personal y la desinformación cuando una figura masiva lanza advertencias de este calibre. Para el público, especialmente en Colombia, el impacto no está en la idea de almacenar comida o anticipar emergencias, sino en no confundir prevención con pánico. La conversación sobre ciberseguridad es necesaria, pero exige datos, contexto y seriedad; de lo contrario, termina convirtiéndose en otro espectáculo viral más.




