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La tarde en que Maradona convirtió un partido en mito y provocó una discusión eterna

Hace 2 horas
La tarde en que Maradona convirtió un partido en mito y provocó una discusión eterna

Imagen: BBC Mundo

El Argentina-Inglaterra del Mundial de México 1986 no fue un partido más: fue el escenario de la “mano de Dios” y del “gol del siglo” de Diego Maradona. Cuatro décadas después, sigue siendo una herida abierta, una postal de genialidad y una lección sobre cómo el fútbol se mezcla con la política.

El primer partido de fútbol que vio en una cancha la periodista de BBC Mundo Lourdes Heredia terminó siendo uno de los capítulos más intensos, celebrados y discutidos de la historia del deporte: Argentina contra Inglaterra en el Mundial de México 1986. No fue solo un duelo por los cuartos de final. Fue un choque cargado de simbolismo, disputado menos de cuatro años después de la guerra de las Malvinas, con Diego Maradona como protagonista absoluto y con dos goles que todavía dividen opiniones: uno marcado con la mano y otro considerado una obra maestra irrepetible.

Según contó BBC Mundo al recordar aquel encuentro, la jornada condensó en unos minutos lo mejor y lo peor del fútbol: astucia, talento, polémica y memoria política. Maradona primero abrió el marcador con una acción ilegal que el árbitro no vio y que desde entonces quedó bautizada como la “mano de Dios”. Poco después, tomó el balón en su propio campo, dejó atrás a medio equipo inglés y selló el llamado “gol del siglo”, una carrera que sigue apareciendo en listas de las mejores jugadas de todos los tiempos. El partido terminó 2-1 para Argentina y empujó al equipo de Carlos Bilardo hacia el título mundial, el segundo de la historia para la selección albiceleste.

La razón por la que ese juego sigue importando no está solo en la estadística. Está en lo que significó para dos países que llegaban al césped con una carga emocional mucho mayor que la de un simple torneo. Para muchos argentinos, aquel triunfo funcionó como una reparación simbólica tras la derrota en las Malvinas; para muchos ingleses, quedó grabado como una derrota dolorosa y una injusticia futbolística. Ahí radica parte de su fuerza histórica: el fútbol, cuando se cruza con conflictos nacionales, deja de ser entretenimiento y se vuelve relato colectivo, disputa de memoria y herramienta de identidad. En 1986 no existía VAR, y el margen para la trampa o el error arbitral era enorme. Hoy, con cámaras en todas partes, un gol así sería revisado al instante. Entonces no solo se jugó con los pies; también con la ambigüedad de un deporte que premia el ingenio, incluso cuando roza lo ilegal.

Cuatro décadas después, aquel Argentina-Inglaterra sigue siendo material de conversación entre generaciones que ni siquiera habían nacido cuando sucedió. La vigencia del partido demuestra algo incómodo pero cierto: Maradona no solo fue un futbolista extraordinario, sino un personaje capaz de encarnar contradicciones profundas de América Latina, donde la genialidad suele convivir con la transgresión. Por eso ese encuentro no envejece. Cada aniversario reabre la misma discusión: ¿fue una victoria inolvidable o una herida histórica? La respuesta, quizás, es ambas cosas. Y por eso sigue ocupando un lugar único en la memoria del fútbol mundial.

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