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Suiza se queda sin la vía saudí para seguir el rastro de los 65 millones de Juan Carlos I

Hace 1 día
Suiza se queda sin la vía saudí para seguir el rastro de los 65 millones de Juan Carlos I

Imagen: El País

Suiza abandonó la vía saudí en la investigación sobre los 65 millones vinculados al rey emérito, tras constatar que Riad no colaborará con las diligencias. El giro deja a la justicia helvética sin una pieza clave para rastrear el origen de una fortuna que sigue dañando la imagen de Juan Carlos I.

La investigación suiza sobre los 65 millones de euros vinculados al rey emérito Juan Carlos I ha sufrido un tropiezo importante: las autoridades de ese país renunciaron a pedir ayuda a Arabia Saudí porque asumieron que no obtendrán respuesta. La decisión, revelada en el marco de las diligencias abiertas para aclarar el origen del dinero, cierra por ahora una de las pocas vías internacionales que podían aportar luz sobre una fortuna que ha perseguido durante años la reputación del antiguo jefe del Estado español.

De acuerdo con la información difundida por El País, la justicia helvética había contemplado solicitar colaboración a Riad para reconstruir el recorrido de esos fondos y determinar si existía alguna relación con los regalos atribuidos al rey Abdalá. Sin embargo, el silencio saudí ha terminado imponiéndose como una barrera práctica y política. No es un detalle menor: sin la cooperación del país de origen de parte del dinero, el rastreo se vuelve mucho más difícil, sobre todo cuando las estructuras financieras utilizadas para mover grandes sumas suelen operar entre varias jurisdicciones y con capas de opacidad cuidadosamente diseñadas.

Este episodio importa más allá del caso concreto del rey emérito. Primero, porque confirma las limitaciones reales de la justicia internacional cuando se enfrenta a monarquías, élites y redes financieras que rara vez ofrecen transparencia voluntaria. Segundo, porque vuelve a poner bajo la lupa una pregunta que España no ha terminado de resolver del todo: qué ocurrió exactamente con los presuntos regalos vinculados a Juan Carlos I y hasta dónde llega la trazabilidad de ese dinero. En términos políticos, cada nuevo obstáculo alimenta la sensación de que el caso avanza más por sus sombras que por sus certezas, y eso desgasta todavía más una institución monárquica ya golpeada por años de escándalos.

Para la opinión pública española, el asunto tiene un eco incómodo. No se trata solo de una disputa legal en Suiza o de la falta de cooperación de Arabia Saudí; se trata de la credibilidad de un sistema que durante décadas blindó al emérito y que ahora intenta reconstruir, tarde y a medias, lo que nunca se fiscalizó a tiempo. Mientras no haya respuestas sólidas sobre el origen y el destino de esos 65 millones, la historia seguirá siendo la misma: muchas sospechas, pocas certezas y un silencio internacional que protege más de lo que aclara.

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