Zelenski eleva la presión en la ONU y advierte que Putin no frenará en Ucrania

Imagen: El País
Volodímir Zelenski llevó a la ONU un mensaje de urgencia: la guerra en Ucrania no se resolverá sola y detener a Rusia ahora es, según él, la única salida realista. Mientras tanto, en Nueva York, Marco Rubio y Serguéi Lavrov se sentaron a hablar en paralelo al pulso diplomático por el conflicto.
Volodímir Zelenski llegó a la Asamblea General de la ONU con un mensaje que busca sacudir a gobiernos cansados de una guerra que ya se mide en años, víctimas y desgaste económico: parar a Rusia es, en su visión, la única forma de evitar que el conflicto se alargue indefinidamente. El presidente ucraniano insistió en que Vladímir Putin no se conformará con lo conseguido hasta ahora, una advertencia que no solo apunta a Kiev, sino también a las capitales occidentales que empiezan a calibrar el costo político y financiero de seguir sosteniendo a Ucrania. Su intervención fue, más que un discurso protocolario, una llamada a no normalizar una guerra que amenaza con enquistarse en la agenda internacional.
En paralelo, la diplomacia se movió en Nueva York con una reunión entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, según informó El País. Ese encuentro, en el marco de la cumbre de Naciones Unidas, confirma que, pese al endurecimiento retórico y al bloqueo en el terreno militar, Washington y Moscú siguen obligados a mantener canales abiertos. La sola coincidencia de ambos en la misma ciudad subraya la paradoja de esta guerra: mientras las bombas continúan en Ucrania, la negociación sigue orbitando alrededor de una mesa que nadie reconoce como suficiente, pero de la que nadie puede prescindir.
La intervención de Zelenski importa porque vuelve a colocar una verdad incómoda sobre la mesa: el conflicto no está congelado, está siendo administrado. Y cuando una guerra entra en esa fase, el riesgo es que la fatiga internacional termine sustituyendo a la estrategia. Para Ucrania, eso sería letal, porque cada mes adicional significa más destrucción de infraestructura, más presión sobre su economía y más desgaste social. Para Estados Unidos y Europa, en cambio, la guerra ya no solo se mide en apoyo militar a Kiev, sino en el impacto sobre la estabilidad energética, la seguridad continental y el costo político de sostener una confrontación prolongada con Moscú. La reunión Rubio-Lavrov, por limitada que sea, refleja también que nadie ve una salida inmediata; pero Zelenski intenta impedir que esa ausencia de solución se convierta en una excusa para bajar la guardia.
El fondo del mensaje es claro: Ucrania quiere evitar que el cansancio de sus aliados se convierta en ventaja estratégica para el Kremlin. Y esa es, probablemente, la batalla más difícil de todas. Porque en una guerra larga, no siempre gana quien avanza más rápido, sino quien logra resistir el tiempo. Zelenski parece decidido a convencer al mundo de que ceder ahora no traerá paz, sino una nueva fase del mismo conflicto.



