Jóvenes votan más, pero siguen lejos de confiar en la democracia
Imagen: El Tiempo - Política
El interés electoral de los jóvenes crece en Colombia, pero su confianza en la democracia sigue rezagada. Ese contraste quedó en evidencia en el evento Congreso Joven, donde se discutió cómo abrir más espacio real para las nuevas generaciones.
El aumento de la participación electoral juvenil en Colombia no se ha traducido, por ahora, en una relación más sólida con la democracia. Aunque el voto de los jóvenes en elecciones presidenciales creció casi 46 %, apenas el 20 % de esta población dice sentirse satisfecha con el sistema democrático, una brecha que vuelve a poner sobre la mesa la distancia entre votar y sentirse representado.
Ese contraste fue uno de los ejes del encuentro Congreso Joven, organizado para discutir cómo ampliar la presencia política de las nuevas generaciones y qué barreras siguen frenando su incidencia real en las decisiones públicas. Según informó El Tiempo - Política, el debate se concentró en un problema que ya es estructural: los jóvenes participan más cuando se trata de elegir, pero siguen viendo con desconfianza a los partidos, a las instituciones y a los liderazgos tradicionales que dominan el escenario político.
La cifra importa por una razón de fondo. En un país donde la política suele envejecer más rápido que sus votantes, el aumento del voto juvenil debería leerse como una oportunidad para renovar agendas, lenguajes y prioridades. Pero si esa participación no viene acompañada de canales efectivos de representación, el resultado puede ser el contrario: más movilización, sí, pero también más frustración. Y esa frustración, en Colombia, suele expresarse en abstención, apatía o apoyo a opciones antisistema que capitalizan el cansancio ciudadano.
El reto, entonces, no es solo convencer a los jóvenes de que voten, sino demostrarles que su voto sirve para algo más que legitimar a los de siempre. Abrir espacios políticos reales implica facilitar su llegada a listas, cabildos, partidos y escenarios de deliberación, pero también revisar si las instituciones están preparadas para escuchar a una generación que exige resultados, transparencia y menos simulación. Si no cambia esa relación, el crecimiento del voto juvenil podría terminar siendo un dato alentador en la estadística y una señal de alarma en la práctica política.




