Política

Carrillo alerta que Petro pone en riesgo su capital político y el de toda la izquierda

Hace 5 horas

El exdirector de la UNGRD lanzó una advertencia incómoda para Gustavo Petro y la izquierda colombiana: cuando todo un proyecto se amarra a una sola figura, cualquier golpe a ese liderazgo arrastra a todo el andamiaje político. El escándalo de las hermanas Guerrero vuelve a poner sobre la mesa el costo de personalizar el poder.

El exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, en medio del ruido político que ha dejado el escándalo de las hermanas Guerrero, dejó una lectura que va más allá del episodio judicial o mediático: según su visión, el presidente Gustavo Petro estaría cometiendo un error estratégico al poner en riesgo su capital político y, con él, el de toda la izquierda que hoy orbita alrededor de su figura. La advertencia no es menor. En términos prácticos, plantea que un proyecto político construido sobre un liderazgo casi único puede volverse frágil cuando ese liderazgo entra en crisis, porque no deja estructuras sólidas capaces de sostenerlo.

La reflexión apunta a un problema conocido en la política colombiana, pero pocas veces dicho con tanta claridad: la dependencia excesiva de un jefe político. De acuerdo con la lectura atribuida a Carrillo, el desgaste que generan los escándalos no solo impacta la imagen del presidente, sino también la capacidad del oficialismo para defender su agenda, movilizar respaldo y conservar credibilidad ante un electorado cada vez más sensible a la coherencia entre discurso y práctica. En otras palabras, cuando un gobierno convierte al presidente en su principal activo y también en su principal marca, cualquier tropiezo deja de ser un problema personal y se convierte en una amenaza colectiva.

Ese es, precisamente, el trasfondo que hace relevante esta discusión. La izquierda colombiana llegó al poder con la promesa de romper con viejas lógicas de corrupción, clientelismo y concentración de poder, pero ahora enfrenta el desafío de demostrar que puede sobrevivir políticamente sin depender por completo del magnetismo de Petro. Si los casos que salpican al entorno presidencial terminan erosionando esa base de apoyo, el costo no se limitará al gobierno actual: puede extenderse a la capacidad de la izquierda para presentarse como una alternativa duradera, institucional y menos vulnerable al desgaste personalista. Y en un país donde la política suele girar más alrededor de caudillos que de partidos, esa debilidad no es una anécdota, sino una advertencia sobre el futuro.

Lo que deja esta coyuntura es una lección incómoda para el petrismo y para buena parte del progresismo colombiano: ganar el poder no basta si no se construye una plataforma que lo sobreviva. El problema de los liderazgos dominantes es que, cuando caen en controversias, arrastran consigo no solo sus apuestas, sino también a quienes apostaron por ellos como si fueran la única carta posible. En ese sentido, el escándalo alrededor de las hermanas Guerrero funciona como síntoma de algo más profundo: la vulnerabilidad de un proyecto político que todavía parece depender demasiado de una sola voz para no desmoronarse.

Noticias relacionadas