Transparencia por Colombia pide más señales de confianza en medio del debate electoral
Imagen: El Tiempo - Política
Transparencia por Colombia puso el foco en un punto sensible para la democracia: las elecciones avanzan con señales positivas de control y vigilancia, pero aún arrastran retos que pueden erosionar la confianza ciudadana. Andrés Hernández pidió al sistema político enviar mensajes claros de credibilidad.
Las elecciones en Colombia no solo se juegan en las urnas: también se disputan en el terreno de la confianza. En ese debate, Andrés Hernández, de Transparencia por Colombia, destacó que el proceso ha mostrado fortalezas importantes, especialmente en el control de la financiación, pero advirtió que persisten retos que obligan al sistema político a actuar con más responsabilidad y enviar señales claras de credibilidad.
La lectura de Hernández es relevante porque toca uno de los puntos más delicados de cualquier jornada electoral: de dónde sale el dinero, cómo se vigila su uso y qué tan capaces son las instituciones de detectar y frenar irregularidades a tiempo. Según lo expresado por Transparencia por Colombia y recogido por El Tiempo - Política, el balance no es de desconfianza absoluta, sino de una democracia que ha avanzado en mecanismos de control, aunque todavía enfrenta zonas grises que pueden alimentar dudas entre los ciudadanos. En un país donde la financiación de campañas ha sido históricamente uno de los focos de sospecha, cualquier avance en trazabilidad y supervisión cuenta, pero no basta por sí solo.
Ese es el punto de fondo: una elección no se legitima únicamente porque se cuenten bien los votos, sino porque el ciudadano percibe que compitieron en igualdad de condiciones y que el dinero no terminó inclinando la balanza. Por eso, cuando Hernández insiste en que el sistema político debería estar dando mensajes de confianza, lo que está poniendo sobre la mesa es una exigencia más amplia que la simple técnica electoral. Se trata de reconstruir credibilidad en un momento en que la desafección con la política es alta y en el que cualquier sospecha sobre campañas, avales o financiación puede convertirse rápidamente en combustible para la polarización. En ese contexto, la transparencia deja de ser un eslogan y se convierte en una condición mínima para sostener la legitimidad institucional.
Lo que viene dependerá de si las autoridades, los partidos y los candidatos entienden que la vigilancia ciudadana ya no es un asunto marginal, sino parte central de la discusión democrática. Colombia ha aprendido, a pulso, que cuando las reglas no se ven claras, la conversación pública se llena de ruido, sospecha y desgaste institucional. Por eso el llamado de Transparencia por Colombia no es menor: en una democracia frágil, la confianza no se presume, se construye con controles efectivos, información abierta y una clase política menos enfocada en defenderse y más obligada a responder.



