Petronio Álvarez cumple 30 años y Cali vuelve al lugar donde comenzó su historia
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez celebró el lanzamiento de su edición número 30 en el teatro Los Cristales, el mismo lugar donde comenzó su historia. Cali ya entra en modo Petronio, un evento que desborda cultura, economía y orgullo afrocolombiano.
Cali volvió a mirar hacia el teatro Los Cristales para recordar de dónde salió uno de sus mayores símbolos culturales: el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez. Allí se hizo el lanzamiento oficial de una edición que llega a los 30 años de historia y que confirma algo que en la ciudad ya es costumbre: agosto en Cali no se entiende sin Petronio, porque el festival dejó hace rato de ser un simple encuentro musical para convertirse en una plataforma de identidad, memoria y movimiento económico.
La elección del lugar no fue casual. Según informó El Tiempo (Colombia), la presentación se realizó precisamente en el punto donde empezó esta travesía hace tres décadas, el teatro Los Cristales, un escenario cargado de simbolismo para la cultura afropacifica. Ese regreso al origen funciona como recordatorio de cómo una iniciativa nacida para visibilizar las expresiones del Pacífico colombiano terminó por convertirse en una de las celebraciones más masivas y reconocibles del país. Hoy, Petronio no solo convoca artistas y público: activa una cadena de trabajo que involucra cocineras tradicionales, portadores de saberes, artesanos, luthiers, emprendedores y familias enteras que encuentran en el festival una oportunidad real de ingreso.
Que el festival cumpla 30 años importa más allá del festejo. En una ciudad como Cali, marcada por su diversidad étnica y por las tensiones de la desigualdad urbana, el Petronio ha funcionado como una vitrina de lo que históricamente ha sido relegado al margen: las músicas del litoral, la cocina tradicional, las bebidas ancestrales, la oralidad y las formas de organización comunitaria del Pacífico. Su crecimiento también refleja un cambio de época: lo que antes era visto como expresión regional hoy es patrimonio vivo y un motor de turismo cultural. En la práctica, esto significa llenos en hoteles, más consumo en bares y restaurantes, y una economía informal que durante esos días encuentra oxígeno. Pero también plantea un reto: que la expansión del evento no termine diluyendo la esencia que le dio sentido desde el comienzo.
El lanzamiento en Los Cristales deja una señal clara sobre el lugar que ocupa el Petronio en la vida de Cali y del país. No se trata solo de anunciar una programación, sino de reafirmar que el festival ya pertenece al mapa grande de la cultura colombiana. A tres décadas de su nacimiento, su peso ya no se mide únicamente por la asistencia o por la agenda artística, sino por algo más profundo: la capacidad de convertir memoria, resistencia y celebración en una misma experiencia colectiva. Y en una Colombia que todavía le debe mucho a sus comunidades negras, esa no es una nota cultural menor, sino una noticia con fondo político y social.


