Excombatientes piden garantías tras cierre de la ZUT y alertan por el futuro del proceso
Imagen: El Tiempo - Política
Excombatientes concentrados tras el cierre de la ZUT pidieron garantías y presencia institucional para aclarar su futuro, mientras otros decidieron abandonar el proceso. El mensaje revela la fragilidad de una reincorporación que, sin respuestas del Estado, puede quedar a la deriva.
El cierre de la Zona de Ubicación Temporal (ZUT) volvió a dejar en evidencia una realidad incómoda para el país: la reincorporación no se sostiene solo con anuncios, sino con presencia efectiva del Estado. A través de un video, los excombatientes de la CNEB que aún permanecen concentrados pidieron garantías y una respuesta institucional clara para resolver las dudas que les dejó la decisión de terminar ese espacio. Su mensaje fue directo y también revelador: hay incertidumbre suficiente como para que algunos empiecen a irse y otros teman que, sin acompañamiento, el proceso se desborde.
Según informó El Tiempo - Política, el pronunciamiento fue hecho por quienes continúan en el lugar tras el cierre de la ZUT, una figura creada para facilitar la concentración, el tránsito y la verificación de compromisos en medio de un proceso de desarme y reintegración. En el video, los excombatientes no solo pidieron presencia de las autoridades, sino también respuestas concretas sobre su situación jurídica, su seguridad y las condiciones para seguir adelante sin exponerse a vacíos que puedan poner en riesgo lo avanzado. La preocupación central es que el fin de la zona dejó más preguntas que certezas para quienes apostaron por dejar las armas.
Este episodio importa porque muestra la parte más delicada de cualquier proceso de paz: el momento en que la firma de acuerdos deja de ser una foto y se convierte en un problema cotidiano de supervivencia, empleo, protección y confianza. Cuando el Estado se retira o aparece tarde, el costo no lo paga solo el grupo que se desmoviliza; lo paga también la estabilidad territorial, la seguridad de las comunidades y la credibilidad de la política de paz. En Colombia, donde la reincorporación ha tropezado históricamente con demoras, cambios de gobierno y falta de coordinación institucional, cada vacío se traduce en desconfianza y en el riesgo de que algunos terminen buscando salidas individuales fuera del marco pactado.
Lo que está ocurriendo con los excombatientes de la CNEB debería leerse como una advertencia. No basta con cerrar una ZUT y asumir que el proceso sigue por inercia. Si el Estado no aterriza con equipos, cronogramas y decisiones verificables, la reincorporación queda sometida al desgaste de la espera. Y en ese terreno, donde abundan la ansiedad y la incertidumbre, cualquier error puede empujar a unos a abandonar la concentración y a otros a perder la fe en una transición que, para ser real, necesita mucho más que voluntad declarada.




