Restrepo cuestiona retirar a la ONU de la verificación rural del Acuerdo de Paz
Imagen: El Tiempo - Política
La propuesta del Gobierno de sacar a la ONU del punto 1 del Acuerdo de Paz encendió alarmas entre quienes siguen la implementación rural. El exministro Juan Carlos Restrepo advirtió que sin verificación internacional se debilita la confianza sobre el cumplimiento integral del pacto.
La intención del Gobierno de excluir a la ONU de la verificación del punto 1 del Acuerdo de Paz abrió un nuevo frente de tensión alrededor de la reforma rural, una de las piezas más sensibles de la implementación. Juan Carlos Restrepo, exministro y una de las voces más críticas frente a ese giro, sostuvo que la medida deja en entredicho la voluntad oficial de cumplir el acuerdo a cabalidad y reaviva la discusión sobre qué tan serio es el compromiso con el desarrollo del campo.
El punto 1 del Acuerdo de Paz, centrado en la reforma rural integral, fue concebido como la base para reducir la desigualdad histórica entre las ciudades y las zonas más golpeadas por el conflicto. Según lo planteado por Restrepo, retirar a Naciones Unidas de esa labor de verificación no es un asunto menor ni técnico: implica debilitar uno de los pocos mecanismos que daban garantías externas sobre el avance real de los compromisos. Su advertencia apunta a una idea central: sin control independiente, la implementación queda más expuesta a interpretaciones políticas y a retrasos que terminan afectando a las comunidades rurales.
El debate importa porque la reforma rural no es un capítulo accesorio del Acuerdo, sino el punto de partida para hablar de seguridad, inversión, acceso a tierra, vías, servicios públicos y presencia del Estado en territorios donde la ausencia institucional ha sido aprovechada por distintos actores armados. Restrepo resumió esa tensión con una frase que resume el dilema de fondo: no puede haber paz duradera sin seguridad, pero tampoco sin desarrollo rural. En la práctica, eso significa que cualquier intento de modificar las reglas de verificación será leído, dentro y fuera del país, como una prueba política sobre la disposición del Gobierno para sostener la arquitectura completa del acuerdo.
La discusión también tiene un efecto directo sobre las regiones: cada demora, cada cambio en la supervisión y cada señal de duda sobre la implementación prolonga la incertidumbre en el campo colombiano. Para los campesinos y las comunidades rurales, el debate no es abstracto. Se traduce en la velocidad con la que llegan obras, títulos, programas productivos y presencia estatal. Por eso, más allá del pulso institucional con la ONU, lo que está en juego es si el país mantiene o no una ruta creíble para cerrar la brecha territorial que ha alimentado el conflicto durante décadas.




