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11-S, 25 años después: el hombre señalado como su cerebro sigue en Guantánamo

Hace 1 mes
11-S, 25 años después: el hombre señalado como su cerebro sigue en Guantánamo

Imagen: BBC Mundo

A 25 años del 11-S, sigue detenido en Guantánamo el hombre señalado como uno de los cerebros de los ataques: Khalid Sheikh Mohammed. Su caso resume la larga sombra judicial, política y simbólica que dejaron los atentados en Estados Unidos y el mundo.

Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el nombre de Khalid Sheikh Mohammed sigue apareciendo como una de las piezas centrales de una herida que Estados Unidos nunca ha terminado de cerrar. El hombre señalado por las autoridades estadounidenses como el principal arquitecto de los ataques continúa detenido en la base militar de Guantánamo, un símbolo incómodo de la guerra contra el terrorismo y de las deudas judiciales que dejó aquel día que cambió la política internacional.

Los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono, que dejaron miles de muertos, no solo desataron la intervención militar de Washington en Afganistán y reordenaron por completo la agenda de seguridad global; también abrieron un capítulo de persecución, captura y juicio inconcluso contra quienes fueron acusados de planear la operación. En ese contexto, la figura de Mohammed se volvió central porque encarna dos debates que siguen vivos: cómo castigar los crímenes más graves del terrorismo y hasta qué punto Estados Unidos ha sido capaz de respetar su propio estándar de justicia en la respuesta posterior al 11-S.

La permanencia del acusado en Guantánamo, más de dos décadas después, dice mucho sobre la dificultad de cerrar este expediente. Para Washington, el caso representa la tensión entre la necesidad de rendición de cuentas y las limitaciones de un sistema que ha tropezado con pruebas, procedimientos militares, discusiones sobre tortura y disputas legales interminables. Para las víctimas y sus familias, en cambio, el paso del tiempo ha convertido el proceso en una especie de espera sin final claro, alimentada por audiencias aplazadas y por la sensación de que la justicia llegó tarde o no ha llegado del todo. En términos políticos, el 11-S también dejó una consecuencia de largo plazo: legitimó una era de vigilancia ampliada, guerras preventivas y controles fronterizos más duros que alteraron la vida cotidiana dentro y fuera de Estados Unidos.

Ese es el verdadero peso de esta fecha a 25 años de distancia. El 11-S no pertenece solo a la memoria histórica ni a los libros de política exterior: sigue influyendo en la forma en que Estados Unidos define la seguridad, en cómo trata a sus enemigos y en la manera en que el mundo entiende el costo de una respuesta militar al terrorismo. Mientras Guantánamo siga abierto y el caso de Mohammed no se cierre, el 11-S seguirá siendo una historia no resuelta, no solo por lo que ocurrió aquel martes de 2001, sino por todo lo que vino después.

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