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Chile rompe una tradición democrática: no habrá actos oficiales por el 11 de septiembre

Hace 2 horas
Chile rompe una tradición democrática: no habrá actos oficiales por el 11 de septiembre

Imagen: El País

A 53 años del golpe de Estado en Chile, el Gobierno de Gabriel Boric no realizará actos oficiales de conmemoración por primera vez desde el retorno a la democracia. La decisión deja en evidencia la grieta política que sigue abierta alrededor de Pinochet y su legado.

Por primera vez desde 1990, el Estado chileno no organizará actos oficiales para recordar el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. La ausencia de una conmemoración institucional marca un giro sensible en la manera en que el país procesa una herida que sigue dividiendo a la política chilena, a 53 años de la asonada que derrocó a Salvador Allende e inauguró la dictadura de Augusto Pinochet.

La decisión ocurre en un clima de fuerte polarización y con una derecha dura que ha vuelto a disputar el relato sobre el pasado autoritario. En ese escenario, José Antonio Kast, el dirigente ultraconservador que fue el único aspirante presidencial que defendió abiertamente la dictadura de Pinochet, relativizó el hecho y dijo que no había inconveniente en que quien quisiera pudiera asistir a orar a la misa habitual de los viernes en el palacio de Gobierno, aunque él no participará. El gesto, aparentemente menor, confirma que la discusión sobre memoria y democracia sigue atravesada por cálculos políticos y por una disputa simbólica que nunca terminó de cerrarse.

Que no haya ceremonia oficial no es un dato administrativo: es una señal sobre el estado de la memoria democrática en Chile. Desde el fin de la dictadura, los gobiernos habían mantenido algún tipo de acto institucional para recordar el quiebre democrático, las violaciones a los derechos humanos y la necesidad de preservar garantías que hoy parecen obvias, pero que en América Latina suelen ser frágiles. La omisión de este año sugiere que el consenso mínimo sobre cómo recordar el golpe se ha debilitado, justo cuando fuerzas de extrema derecha ganan espacio en la región y reescriben el pasado con lenguaje de orden, seguridad y anticorrupción.

Para la sociedad chilena, la señal importa más allá del protocolo. Habla de cómo un país administra su memoria colectiva y de quién tiene el poder para definir qué se recuerda en nombre del Estado. En un contexto regional donde los discursos autoritarios vuelven a ganar terreno, la ausencia de un acto oficial en Chile no solo mira hacia atrás: también proyecta una advertencia sobre el presente. Cuando la conmemoración de un golpe deja de ser un punto de encuentro institucional, el riesgo es que el negacionismo encuentre todavía más espacio para presentarse como una postura legítima dentro de la democracia.

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