80 países llevan a la ONU una advertencia a Irán y a los hutíes por el estrecho de Ormuz
Imagen: infobae mundo
Una coalición de 80 países llevó a la ONU una condena frontal contra Irán y los rebeldes hutíes por ataques que amenazan la navegación internacional. El mensaje fue claro: el estrecho de Ormuz debe seguir abierto o el costo económico lo pagará el mundo.
Ochenta países se alinearon este martes en Naciones Unidas para lanzar una advertencia política de alto voltaje: los ataques atribuidos a Irán y a los rebeldes hutíes no solo desestabilizan Medio Oriente, sino que ponen en riesgo una de las arterias más sensibles del comercio mundial. La declaración, respaldada por potencias occidentales y por varios Estados del Golfo, busca elevar el costo diplomático de una escalada que ya golpea la seguridad marítima y mantiene en alerta a los mercados energéticos.
Según informó infobae mundo, el pronunciamiento insistió en la necesidad de preservar abierto el paso de Ormuz, el estrecho por donde circula una parte decisiva del petróleo y del gas que alimentan la economía global. La preocupación no es menor: cualquier interrupción en ese corredor puede traducirse en primas de riesgo más altas, encarecimiento del transporte marítimo, presión sobre los precios de la energía y, en cadena, mayor inflación en países que dependen de importaciones. Por eso la condena no fue solo una señal política, sino también una defensa directa de la estabilidad económica internacional.
El trasfondo de esta iniciativa revela algo más profundo que una disputa regional. En los últimos meses, los ataques en rutas estratégicas del mar Rojo y del golfo han mostrado hasta qué punto actores armados no estatales, respaldados o influenciados por potencias regionales, pueden alterar flujos comerciales que sostienen cadenas de suministro desde Europa hasta Asia y América. Para Washington, los aliados europeos y las monarquías del Golfo, la prioridad es evitar que Irán y sus aliados conviertan la presión militar en una herramienta permanente de chantaje geopolítico. Para la gente común, el impacto se siente lejos de esas aguas: en la gasolina, en los alimentos transportados por barco y en el costo final de los productos que llegan a los hogares.
La ofensiva diplomática en la ONU también deja ver una pugna por el relato internacional. Mientras Teherán intenta proyectar fuerza y los hutíes mantienen capacidad de fuego en una de las rutas más vigiladas del planeta, el bloque de 80 países busca fijar una línea roja: la libertad de navegación no es negociable. El problema es que las condenas multilaterales, aunque importantes, no garantizan por sí solas una desescalada. Si los ataques continúan, el estrecho de Ormuz seguirá siendo uno de los puntos más frágiles del mapa global, y cualquier chispa allí puede terminar repercutiendo en los bolsillos de consumidores muy lejos de Medio Oriente.



