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Noruega vuelve a chocar con el submarino nazi cargado de mercurio en Fedje

Hace 6 horas

A 150 metros bajo el mar frente a Fedje, Noruega lidia con un submarino nazi partido en dos y cargado de mercurio, un residuo de guerra que sigue siendo una amenaza ambiental. El nuevo operativo de rescate terminó reactivando las alarmas científicas y políticas en Escandinavia.

A más de ocho décadas del final de la Segunda Guerra Mundial, Noruega sigue atrapada entre la memoria bélica y un problema ambiental muy actual: el submarino nazi U-864, hundido frente a la isla de Fedje, contiene toneladas de mercurio y permanece partido en dos a 150 metros de profundidad. Los últimos trabajos de rescate no solo fracasaron en su objetivo de neutralizar el peligro, sino que dejaron al descubierto que el viejo navío continúa siendo una fuente de preocupación para autoridades, científicos y comunidades costeras.

Según informó infobae mundo, el operativo reciente volvió a poner sobre la mesa una discusión que Noruega no ha logrado cerrar desde hace años: qué hacer con un pecio de guerra que, además de ser un vestigio histórico, representa un riesgo tóxico de largo plazo. El U-864 fue concebido para transporte militar, pero hoy su carga más inquietante no son las armas sino el mercurio, un metal pesado cuya liberación al ecosistema marino podría tener efectos duraderos en la cadena alimentaria y en la salud humana. Esa es la razón por la que cada intento de intervención exige una precisión quirúrgica y un margen de error prácticamente nulo.

El dilema es mayor de lo que parece. Noruega no enfrenta solo un caso arqueológico o militar: enfrenta una decisión de política pública sobre cómo administrar una herencia contaminante de la guerra en pleno siglo XXI. Enterrar el problema bajo más sedimentos o intentar recuperar la carga implica costos, riesgos técnicos y consecuencias ambientales distintas, pero ninguna solución es sencilla. Por eso, la alarma encendida por los científicos escandinavos no es exagerada: cualquier movimiento mal calculado podría dispersar el mercurio y convertir una amenaza contenida en un problema más amplio para el ecosistema del mar del Norte, una región de la que dependen pesca, economía local y seguridad alimentaria.

La historia del U-864 resume una paradoja que Europa aún no termina de resolver: los restos de la Segunda Guerra Mundial no pertenecen solo al pasado. Siguen activos bajo tierra y bajo el agua, con capacidad de afectar a generaciones presentes. En Noruega, ese submarino hundido ya no es únicamente una pieza de memoria histórica; es una advertencia sobre lo que ocurre cuando la guerra deja residuos que el tiempo no borra, solo oculta.

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