Casa de Nariño declara insubsistentes a cinco funcionarios en plena depuración interna

Imagen: infobae
La Casa de Nariño declaró insubsistentes a cinco funcionarios que se resistieron a renunciar en medio de una depuración interna. La decisión agita el clima político y acelera el recambio en cargos de libre nombramiento y remoción.
La Casa de Nariño volvió a mover el tablero interno del Gobierno con la declaración de insubsistencia de otros cinco funcionarios que se habían negado a presentar su renuncia, una decisión que acelera la depuración administrativa que, según informó infobae, se adelanta en medio de auditorías y del proceso de empalme institucional. El golpe es especialmente sensible porque recae sobre cargos de libre nombramiento y remoción, es decir, puestos cuya permanencia depende directamente de la voluntad del Gobierno y no de una estabilidad laboral ordinaria.
De acuerdo con la información divulgada, la medida fue adoptada en un contexto de revisión interna de nombramientos, justo cuando la administración busca reorganizar áreas estratégicas y ajustar equipos de trabajo. En la práctica, la declaración de insubsistencia termina de forma unilateral el vínculo laboral, sin necesidad de que el funcionario acepte renunciar. Ese mecanismo, frecuente en el Estado colombiano para determinados cargos de confianza, se convierte aquí en una señal política: el Ejecutivo no solo pide salidas, sino que está dispuesto a forzarlas si encuentra resistencia.
El movimiento no es menor. En términos administrativos, estas decisiones suelen venir acompañadas de una lectura más amplia sobre lealtades, control institucional y capacidad de mando dentro del Gobierno. En términos políticos, además, alimentan la percepción de que la Casa de Nariño está cerrando filas alrededor de una nueva etapa de reacomodo interno, con el propósito de dejar menos espacios a figuras que no se alinean con la línea oficial. Para el ciudadano de a pie, estos ajustes pueden parecer lejanos, pero tienen efectos concretos: cuando cambian las cabezas en oficinas clave, también pueden modificarse prioridades, trámites, tiempos de respuesta y ejecución de programas públicos.
La decisión también refleja una tensión que acompaña a cualquier gobierno que entra en fase de auditoría y depuración: cómo equilibrar el derecho de libre designación con la necesidad de dar señales de transparencia, orden y disciplina interna. En el caso del presidente Gustavo Petro, cada salida en este proceso se lee no solo como un ajuste burocrático, sino como parte de una disputa más amplia por el control político y administrativo del Estado. Y en Colombia, donde la fragilidad institucional suele sentirse en la gestión cotidiana, cada sacudida en la Casa de Nariño termina teniendo consecuencias que van más allá del organigrama.


