Ataque con drones en Ocaña deja dos militares muertos y reaviva la alarma por el Eln
Imagen: El Tiempo - Política
Un ataque con drones contra un batallón en Ocaña, Norte de Santander, dejó dos militares muertos y cinco heridos, y volvió a exhibir la capacidad ofensiva del Eln. La reacción política no tardó: Abelardo De La Espriella elevó el tono y prometió consecuencias.
El ataque con drones contra un batallón militar en Ocaña, Norte de Santander, terminó con dos uniformados muertos y cinco heridos, una escena que confirma hasta qué punto los grupos armados ilegales han sofisticado sus métodos de guerra en Colombia. El hecho, atribuido al Eln, no solo golpea a una fuerza militar en una zona históricamente castigada por la violencia, sino que también reabre el debate sobre la capacidad real del Estado para proteger sus bases y a la población en territorios donde la guerra nunca terminó del todo.
Según informó El Tiempo - Política, el ataque dejó víctimas entre los integrantes de la institución y provocó una inmediata reacción política. Abelardo De La Espriella, abogado y figura pública cercana al discurso de mano dura contra los grupos armados, se pronunció tras conocer el hecho y lanzó una advertencia directa contra el Eln. Su mensaje buscó capitalizar la indignación que generan estos ataques, pero también reflejó el clima de frustración que se acumula cada vez que una acción armada vuelve a demostrar que la capacidad de respuesta de las autoridades llega tarde o no logra disuadir a los responsables.
Lo ocurrido en Ocaña no puede leerse como un episodio aislado. El uso de drones en ataques armados marca una nueva fase en la confrontación interna: herramientas baratas, difíciles de rastrear y cada vez más accesibles para organizaciones ilegales que han aprendido a operar con lógica militar. Eso cambia el tablero de seguridad no solo para el Ejército, sino para comunidades enteras que viven cerca de instalaciones oficiales, corredores estratégicos y zonas donde la presencia del Estado sigue siendo precaria. En Norte de Santander, además, el Eln mantiene una disputa territorial que mezcla rentas ilegales, presión sobre la población y desafíos permanentes para las autoridades civiles y militares.
La pregunta de fondo es qué tan preparada está Colombia para enfrentar una guerra que se moderniza más rápido que su respuesta institucional. Para el Gobierno, el ataque obliga a revisar protocolos de protección, inteligencia y defensa aérea en bases vulnerables; para la ciudadanía, deja una sensación amarga de repetición. Cada atentado de este tipo recuerda que en varias regiones del país la paz sigue siendo una promesa interrumpida por la fuerza de quienes decidieron mantener abierta la guerra.

