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Defensa de Petro responde a Briceño y reabre la pelea por la neutralidad religiosa en Colombia

Hace 1 hora
Defensa de Petro responde a Briceño y reabre la pelea por la neutralidad religiosa en Colombia

Imagen: infobae

La defensa de Gustavo Petro salió al cruce de Daniel Briceño luego de que éste respaldara las justificaciones de Abelardo de la Espriella sobre el acto religioso en la posesión presidencial. El choque reaviva el debate sobre los límites entre fe, política y el uso del espacio público en Colombia.

La controversia por el acto religioso celebrado durante la posesión presidencial de Gustavo Petro volvió a escalar, esta vez por cuenta del cruce entre su abogado y el concejal bogotano Daniel Briceño. La defensa del mandatario rechazó los señalamientos que intentan convertir el fallo judicial en una supuesta prohibición a la fe, y sostuvo que el debate no gira sobre creer o no creer, sino sobre el respeto a las reglas del Estado laico y a los derechos de la ciudadanía.

Según informó Infobae, la discusión surgió después de que un juez determinara que hubo una vulneración a la ciudadanía por la realización de una ceremonia religiosa en el acto de posesión. A partir de ese fallo, Briceño respaldó las excusas planteadas por Abelardo de la Espriella, quien había intentado minimizar el alcance de la decisión judicial. La respuesta del abogado de Petro fue tajante: nadie está impidiendo que alguien crea, ore o practique su religión, pero otra cosa muy distinta es usar una ceremonia estatal para introducir símbolos o rituales que pueden excluir a quienes no comparten esa fe.

El fondo del asunto es más serio que una pelea de declaraciones. En Colombia, donde la relación entre Iglesia, Estado y política ha sido históricamente tensa pero profundamente enraizada, este episodio pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede llegar la expresión religiosa en actos oficiales financiados y organizados por el Estado? El fallo, más allá de sus detalles jurídicos, abre un precedente sobre la neutralidad institucional y sobre la obligación de que eventos públicos de alta visibilidad no privilegien una sola confesión. En un país diverso, esa discusión no es menor: toca el derecho de los creyentes, sí, pero también el de quienes no profesan ninguna religión y esperan que el Estado los represente por igual.

Por eso esta polémica no se agota en el intercambio entre Petro, Briceño y De la Espriella. Lo que está en juego es cómo se interpreta la libertad religiosa cuando el protagonista ya no es un individuo en su esfera privada, sino el Estado en pleno, delante de todo el país. Y en medio de un ambiente político cada vez más polarizado, cada gesto termina convertido en bandera: unos lo leen como defensa de la tradición y otros como una frontera necesaria para evitar que el poder público adopte una fe como propia.

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