Uninorte impulsa campaña para llevar energía solar a puesto de salud en Tezhumke
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Uninorte abrió una campaña de donaciones para instalar energía solar en el puesto de salud de Tezhumke, en la Sierra Nevada de Santa Marta. El proyecto busca beneficiar a 350 indígenas wiwa y ampliar el acceso a atención para hasta 800 personas de asentamientos vecinos.
La Universidad del Norte abrió una campaña de donaciones para llevar energía solar al puesto de salud de Tezhumke, en la Sierra Nevada de Santa Marta, una intervención que podría cambiar de forma concreta la atención médica en una zona donde la precariedad energética sigue limitando servicios básicos. La meta es instalar el sistema en diciembre y beneficiar directamente a 350 indígenas wiwa, además de extender el impacto a cerca de 800 personas de asentamientos vecinos de Patillal, en Cesar.
De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo (Colombia), la iniciativa busca resolver un problema que en comunidades rurales e indígenas suele repetirse: la falta de energía estable para conservar medicamentos, operar equipos esenciales y garantizar atención oportuna. En la práctica, un puesto de salud sin electricidad confiable no solo trabaja a media máquina, sino que reduce las posibilidades de respuesta ante urgencias, controles prenatales, vacunación y procedimientos básicos que dependen de refrigeración o iluminación constante.
El proyecto de Uninorte tiene un valor que va más allá de la instalación de paneles. En territorios apartados como la Sierra Nevada, donde el acceso estatal suele llegar tarde o de manera intermitente, la energía se convierte en una condición mínima para que la salud funcione. Por eso esta campaña no debería leerse como una acción filantrópica aislada, sino como una solución concreta a una deuda histórica con comunidades indígenas que siguen enfrentando brechas de infraestructura mucho más severas que las de los centros urbanos. Si el plan se cumple en diciembre, el impacto podría sentirse tanto en Tezhumke como en los asentamientos cercanos, donde la atención básica suele depender de desplazamientos largos y de recursos muy limitados.
En el fondo, este tipo de iniciativas pone sobre la mesa una realidad incómoda: en muchas zonas rurales de Colombia, garantizar energía sigue siendo una condición previa para garantizar salud. Y cuando una universidad impulsa una solución de este tipo, también evidencia el vacío que aún existe entre los discursos de cobertura universal y la vida diaria de comunidades que continúan resolviendo por su cuenta necesidades que deberían estar cubiertas por el Estado.




