La vivienda enfrenta al Gobierno y al PP mientras crece la presión social en España

Imagen: El País
ERC y Compromís respaldarán los decretos de vivienda del Gobierno, aunque los consideran insuficientes, mientras el PP de Feijóo se desmarca y votará en contra. La batalla política llega en plena presión social por el acceso a la vivienda en España.
El pulso por la vivienda en España se ha convertido en una nueva prueba de fuego para el Gobierno y para la oposición. Mientras ERC y Compromís han decidido apoyar los decretos impulsados por el Ejecutivo, aunque los juzgan insuficientes, el Partido Popular ha cerrado la puerta al paquete y ha anunciado que votará en contra, en un movimiento que eleva la confrontación política en uno de los problemas más sensibles para millones de hogares. La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, ha respondido acusando a los populares de no ponerse del lado de la ciudadanía en un momento en el que el precio del alquiler y el acceso a una casa siguen asfixiando a amplios sectores de la población.
La jornada dejó además un gesto significativo del Gobierno: el Ejecutivo aplazó hasta el jueves la publicación del decreto relativo a la renovación automática de los alquileres, una decisión que sugiere que aún busca afinar el alcance de las medidas o, al menos, ordenar su tramitación en medio de la presión parlamentaria. En paralelo, la postura del PP quedó cristalizada en las palabras de Alberto Núñez Feijóo, quien defendió su rechazo al paquete con un argumento político de fondo: no dar aval a lo que considera una maniobra engañosa. La estrategia popular apuesta por marcar distancias con un Gobierno que trata de presentarse como el único dispuesto a intervenir en un mercado inmobiliario cada vez más tensionado.
El trasfondo es claro: la vivienda se ha instalado en el centro del debate público español por una razón que trasciende las siglas. La falta de oferta asequible, la escalada de los alquileres y la dificultad de emancipación para los jóvenes han convertido este asunto en una bomba social. Que ERC y Compromís apoyen las medidas, pese a considerarlas cortas, revela hasta qué punto el Gobierno necesita sumar apoyos para sacar adelante cualquier avance, por modesto que sea. Y que el PP elija el rechazo frontal muestra que el conflicto ya no es solo técnico o legislativo, sino también político y electoral: quién aparece como defensor de quienes no pueden pagar un alquiler y quién queda asociado a la inacción o al bloqueo.
La consecuencia inmediata es que el debate sobre vivienda no se resolverá en un solo decreto ni en una votación parlamentaria. Lo que está en juego es si el Estado logra intervenir con suficiente fuerza en un mercado que expulsa a buena parte de la clase trabajadora y de los jóvenes, o si el asunto queda atrapado en la lógica de la confrontación partidista. Por ahora, la imagen que deja esta jornada es la de un país con una demanda social cada vez más audible y una clase política todavía incapaz de cerrar una respuesta que esté a la altura del problema.




