Bombardeo ruso contra escuela en Zaporiyia deja al menos 26 muertos
Imagen: El País
Un ataque ruso contra un colegio usado como centro de reparto de ayuda humanitaria en la región de Zaporiyia dejó al menos 26 muertos, según denunció Volodímir Zelenski. El presidente ucraniano acusó al Kremlin de lanzar una decena de bombas contra la escuela.
El bombardeo ruso contra una escuela utilizada para distribuir ayuda humanitaria en la región de Zaporiyia dejó al menos 26 muertos y volvió a exhibir el costo civil de la guerra en Ucrania. Volodímir Zelenski responsabilizó directamente al Kremlin y aseguró que el ataque incluyó una decena de bombas contra el centro educativo, convertido en punto de apoyo para la población desplazada y afectada por el conflicto.
De acuerdo con la información difundida por el presidente ucraniano y recogida por El País, el colegio no funcionaba en ese momento como un espacio académico, sino como un lugar para entregar asistencia a civiles que dependen de esos corredores improvisados para conseguir alimentos, refugio o insumos básicos. La elección del blanco agrava la denuncia de Kiev, porque no se trata solo de una infraestructura civil destruida, sino de un punto que, en medio de la guerra, servía para amortiguar sus efectos sobre la población.
El ataque se inscribe en una dinámica ya conocida desde el inicio de la invasión rusa: la destrucción de infraestructura no militar y el uso de la fuerza sobre zonas donde permanecen civiles. Zaporiyia, además, tiene un peso estratégico y simbólico dentro del conflicto, porque es una de las regiones más castigadas por el frente de guerra y por la disputa territorial entre Moscú y Kiev. Cada nuevo bombardeo sobre escuelas, hospitales o instalaciones humanitarias refuerza la presión internacional sobre Rusia y alimenta las denuncias de posibles crímenes de guerra, aunque esos señalamientos siguen atravesados por la dificultad de verificación inmediata en una zona activa de combate.
Más allá de la cifra de muertos, el episodio revela algo más profundo: la guerra sigue castigando a quienes menos margen tienen para huir. Cuando una escuela se convierte en centro de ayuda y luego en objetivo militar, el mensaje es devastador para la población local. En Ucrania, la frontera entre espacio civil y frente de guerra se ha vuelto cada vez más difusa, y ese es precisamente el tipo de realidad que prolonga el conflicto y endurece cualquier posibilidad de retorno a una vida normal.




