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España y Marruecos reactivan en Nueva York su pacto para frenar la crisis migratoria

Hace 1 hora
España y Marruecos reactivan en Nueva York su pacto para frenar la crisis migratoria

Imagen: El País

España y Marruecos reactivaron en Nueva York su canal diplomático tras la entrada masiva en Ceuta, con el foco puesto en acelerar devoluciones y frenar nuevos cruces. Exteriores dice que Rabat reiteró su “plena colaboración” en la primera cita entre Albares y Burita desde la crisis.

España y Marruecos volvieron a sentarse a hablar en Nueva York con un objetivo inmediato: evitar que se repita una crisis migratoria como la de Ceuta y agilizar la devolución de quienes hayan cruzado irregularmente. La reunión entre el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, y su homólogo marroquí, Naser Burita, llega en un momento especialmente sensible para ambos gobiernos, que buscan apagar el incendio diplomático provocado por la entrada masiva de inmigrantes a la ciudad autónoma y recomponer una relación que, aunque estratégica, suele tensarse con rapidez cuando se mezcla política, fronteras y presión social.

Según fuentes del Ministerio de Exteriores consultadas por El País, Marruecos reiteró en el encuentro su “plena colaboración” con España. Esa frase, aparentemente diplomática y rutinaria, es en realidad la clave de la reunión: Madrid necesita que Rabat controle el flujo en origen y coopere en las devoluciones, mientras Marruecos intenta mantener su papel de socio indispensable en materia migratoria sin renunciar a su capacidad de presión. La cita fue la primera entre ambos ministros después del episodio de Ceuta, lo que le da un valor político mayor que el de una simple conversación bilateral en el marco de la agenda de la ONU.

El trasfondo es conocido, pero no por eso menos delicado. España depende en buena medida de la cooperación marroquí para contener la presión migratoria en el Estrecho y en las fronteras de Ceuta y Melilla; Marruecos, a su vez, utiliza esa palanca como un instrumento de negociación con Madrid y, por extensión, con Bruselas. Cada episodio de entradas masivas pone a prueba la capacidad del Gobierno español para combinar control fronterizo, gestión humanitaria y mensaje político. Y también deja al descubierto una realidad incómoda: la política migratoria europea sigue descansando en acuerdos con países de tránsito que no siempre responden a criterios estables o previsibles, sino a cálculos diplomáticos inmediatos.

La reunión de Nueva York sugiere, al menos por ahora, que ambos gobiernos quieren evitar una escalada. Para España, la prioridad es reducir la presión sobre Ceuta y enviar la señal de que la frontera no puede convertirse en una válvula de escape ante cada tensión bilateral. Para Marruecos, mantener abierta la vía del diálogo le permite presentarse como un socio responsable mientras conserva capacidad de influencia. Pero el problema de fondo sigue intacto: sin una política migratoria más sólida, coordinada y transparente entre ambos lados del Mediterráneo, cada crisis volverá a empujar a miles de personas al centro de una disputa que las supera por completo.

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