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La ultraderecha alemana desafía a Merz y anticipa una crisis política en Berlín

Hace 1 día

La ultraderecha alemana aprovechó la debacle electoral para presentarse como la nueva fuerza del país y augurar un golpe político contra el canciller Friedrich Merz antes de que termine el año. Merz, acorralado por la derrota y las tensiones internas, respondió que no piensa renunciar y seguirá con su plan de reformas.

La caída electoral que sacudió a Alemania no solo dejó mal parado al canciller Friedrich Merz: también abrió una ventana para que la ultraderecha se venda como la verdadera ganadora del momento político. Desde la oposición, ese sector ya se autoproclama el “partido del pueblo” y apuesta a que el desgaste del gobierno termine por tumbar a Merz antes de que cierre el año, un mensaje que no es menor en un país donde la estabilidad institucional ha sido siempre parte central de su identidad política.

Según informó clarin colombia, la presión sobre Merz no viene únicamente desde afuera. La derrota en las urnas lo golpea también dentro de su propio partido, donde crecen las dudas sobre su liderazgo y sobre la viabilidad de su agenda de reformas. Aun así, el canciller descartó cualquier escenario de renuncia y aseguró que seguirá adelante con su programa, en un intento por mostrar control en un momento en que la lectura política es exactamente la contraria: un gobierno a la defensiva, con margen reducido y con adversarios que ven sangre.

El episodio importa mucho más allá de Berlín. Alemania es la economía más grande de Europa y uno de los pilares políticos de la Unión Europea, de modo que una crisis en torno a Merz tendría efectos en cadena sobre la agenda comunitaria, la política migratoria, la respuesta a la desaceleración económica y la capacidad del bloque para sostener una línea común frente a conflictos internacionales. La ultraderecha, además, no está improvisando: está capitalizando el malestar social, el voto de castigo y la frustración con unas élites que, para una parte del electorado, no han dado respuestas rápidas a la inflación, la inseguridad y la incertidumbre económica.

Lo que se juega ahora no es solo la supervivencia política de Merz, sino la capacidad del centro alemán para contener una oleada populista que en otros países ya rompió viejos equilibrios. Si el canciller logra sostenerse, lo hará en medio de un clima de desconfianza interna y presión externa; si cae, la ultraderecha podrá presentarlo como prueba de que el sistema tradicional está agotado. Para la ciudadanía, el costo de esta pulseada se mide en algo muy concreto: más parálisis, menos certezas y un país que podría entrar en otra etapa de fragmentación política justo cuando Europa necesita dirección, no más ruido.

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