Estados Unidos

Más de 300 glaciares han desaparecido en el oeste de Estados Unidos

Hace 13 horas

El deshielo avanza con fuerza en el oeste de Estados Unidos y ya dejó más de 300 glaciares desaparecidos en siete décadas. Montana encabeza la pérdida más acelerada, mientras Washington resiste mejor gracias a sus nevadas.

El oeste de Estados Unidos atraviesa una pérdida silenciosa pero profunda: en los últimos 70 años han desaparecido más de 300 glaciares, un retroceso que confirma el impacto persistente del calentamiento sobre las montañas de la región. El caso más crítico se concentra en las montañas Beartooth-Absaroka, en el sur de Montana, donde el ritmo de desaparición es el más acelerado del área, según informó infobae estados unidos.

De acuerdo con la información difundida, la situación no es uniforme en todo el noroeste y las Rocosas. Mientras Montana muestra una contracción más rápida de sus masas heladas, en Washington el descenso avanza con mayor lentitud. La diferencia no es menor: allí las nevadas más abundantes ayudan a alimentar y sostener los glaciares durante más tiempo, lo que retrasa —aunque no detiene— su desaparición. En otras palabras, el factor climático local puede amortiguar el golpe, pero no revertir la tendencia general.

Este retroceso importa por algo más que la imagen simbólica de una montaña sin hielo. Los glaciares funcionan como reservas naturales de agua dulce, regulan caudales en temporadas secas y sostienen ecosistemas enteros. Su pérdida altera el equilibrio hídrico de comunidades, agricultura y cuencas que dependen de ese deshielo estacional. Además, lo que ocurre en Montana y Washington refleja una tendencia más amplia en el oeste estadounidense: menos hielo, menos resiliencia ante sequías y más presión sobre un territorio que ya lidia con incendios, estrés hídrico y cambios extremos en el clima.

La desaparición de más de 300 glaciares en siete décadas no es una cifra abstracta: es una señal de que el deshielo dejó de ser una advertencia para convertirse en una transformación estructural del paisaje. Para los estados del oeste, el desafío ya no es solo conservar lo que queda, sino prepararse para un escenario en el que el agua, cada vez más, será el recurso que marque la diferencia entre adaptación y crisis.

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