Política

Deluque y Barguil tomarían el Congreso, pero el uribismo tensa la elección del Senado

Hace 3 horas

La puja por el control del Congreso entra en una fase decisiva con Alfredo Deluque y Nicolás Barguil como favoritos para presidir Senado y Cámara. Pero el uribismo insiste en someter la elección del Senado a voto limpio, una jugada que podría reordenar las mayorías legislativas.

La definición de las presidencias del Congreso se ha convertido en un pulso político de alto voltaje. Todo apunta a que Alfredo Deluque se quedaría con la presidencia de la Cámara y Nicolás Barguil con la del Senado, pero el Centro Democrático sigue empujando una salida a voto limpio en la plenaria del Senado, una movida que podría alterar los acuerdos ya trazados entre bancadas y medir, desde el primer día, la fuerza real de los partidos en el nuevo periodo legislativo.

Según informó El Tiempo - Política, el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, dejó claro que no le da crédito a esa posibilidad promovida por el uribismo. Su postura no es menor: el Ministerio del Interior será, como siempre, la cartera encargada de tender puentes con el Congreso y administrar los acuerdos políticos del Gobierno. Cuando Lara dice que no cree en ese escenario, lo que está leyendo entre líneas es que existe una apuesta por blindar los pactos previos y evitar que la elección del Senado se convierta en una batalla abierta que rompa el reparto de poder que se venía negociando.

El fondo del asunto es más profundo que un simple nombramiento. La presidencia del Congreso no solo define quién dirige las sesiones o organiza la agenda legislativa; también marca el tono de la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, especialmente en un país donde las reformas suelen depender de mayorías inestables y de coaliciones que cambian con rapidez. Si el Centro Democrático logra empujar una votación sin amarrarse a la arquitectura de acuerdos prevista, enviaría un mensaje político claro: que no está dispuesto a facilitarle el camino al Gobierno entrante ni a aceptar repartos previamente negociados. En cambio, si se imponen Deluque y Barguil como parece, el Congreso arrancaría con una señal de continuidad institucional y de respeto por los compromisos entre partidos, aunque con una tensión latente que podría reaparecer en cada trámite clave.

Lo que está en juego, en el fondo, es mucho más que dos presidencias. Está en disputa la capacidad del Gobierno para construir gobernabilidad desde el primer día y la disposición de la oposición para usar el Senado como escenario de presión política. En Colombia, donde los equilibrios legislativos suelen ser frágiles y las mayorías se negocian voto a voto, cada movimiento en estas semanas iniciales deja ver si el Congreso será un aliado funcional para las reformas o un campo de choque permanente. Y para la ciudadanía, que suele ver estos juegos como lejanos, la consecuencia es concreta: de esa correlación de fuerzas depende qué tan viable será traducir promesas de campaña en leyes reales.

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