Capturan a vocero de paz de las ACSN y se tensan los diálogos en Santa Marta
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Daniel Bravo Arias, alias ‘Comando 30’, fue capturado en zona rural de Santa Marta, pese a ser uno de los nueve voceros de los diálogos de paz de las ACSN. La detención ocurre tras la decisión del Gobierno De La Espriella de reactivar sus órdenes judiciales.
La captura de Daniel Bravo Arias, conocido como ‘Comando 30’, volvió a poner bajo presión el ya frágil andamiaje de los diálogos de paz con las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN). El hombre, señalado como uno de los nueve voceros del proceso, fue detenido en una zona rural de Santa Marta luego de que el Gobierno de De La Espriella decidiera reactivar sus órdenes judiciales, según informó El Tiempo (Colombia). El golpe no es menor: toca de frente la credibilidad de una negociación que, por definición, depende de la voluntad política, de la interlocución con los armados y de la capacidad del Estado para sostener reglas claras.
De acuerdo con la información divulgada por el diario colombiano, la captura se produjo en medio de un escenario de cambios en la política de acercamiento con ese grupo ilegal. Bravo Arias, alias ‘Comando 30’, era una de las figuras habilitadas para participar como vocero en las conversaciones, una condición que suele otorgarse a personas consideradas claves para facilitar entendimientos y eventuales desarmes. Su detención, sin embargo, evidencia que las garantías jurídicas de quienes se sientan en una mesa pueden alterarse de un momento a otro cuando el Gobierno decide revisar o revocar beneficios asociados al proceso. En términos prácticos, eso abre una disputa entre la necesidad de sostener canales de negociación y la obligación del Estado de perseguir delitos que no pueden quedar congelados indefinidamente por razones de paz.
El caso importa porque la Sierra Nevada de Santa Marta no es un territorio cualquiera: allí confluyen economías ilegales, disputas por corredores estratégicos y una población civil que termina atrapada entre promesas de pacificación y la persistencia del control armado. Si se endurece la postura oficial, el mensaje hacia los grupos que negocian puede ser claro: la mesa no equivale a inmunidad. Pero también existe el riesgo de que cada captura de un vocero debilite la confianza en los diálogos y empuje a los actores armados a cerrarse o a abandonar cualquier salida pactada. En Colombia, donde los procesos de paz han avanzado y retrocedido al ritmo de los cambios de gobierno, el episodio de ‘Comando 30’ recuerda que negociar con estructuras criminales exige algo más que anuncios políticos: requiere coherencia institucional, respaldo judicial y una estrategia que no deje a las comunidades en medio del fuego cruzado entre la justicia y la negociación.



