Colombia

Fuga de alias Mongolo y Guajiro sacude la seguridad en Santa Marta

Hace 6 horas

La fuga de dos presuntos miembros de la banda Los Pachenca reactivó la crisis de seguridad en Santa Marta y terminó provocando la salida del comandante de la Policía Metropolitana. Las autoridades ofrecen recompensa mientras crece la presión por una seguidilla de evasiones en la ciudad.

La fuga de alias ‘Mongolo’ y ‘Guajiro’, señalados como integrantes de la banda Los Pachenca, detonó una nueva crisis de seguridad en Santa Marta y llevó al alcalde Carlos Pinedo a pedir la salida del comandante de la Policía Metropolitana, en medio de la molestia ciudadana por una cadena de evasiones que ya empieza a parecer un problema estructural. Las autoridades activaron además una recompensa para ayudar a recapturarlos.

Según informó El Tiempo (Colombia), los dos hombres hacen parte del grupo de 41 detenidos que escaparon de un centro de detención de la ciudad. El episodio volvió a poner sobre la mesa la fragilidad del sistema de custodia y el golpe que estas fugas le asestan a la confianza pública, no solo porque dejan libres a presuntos delincuentes de alto perfil, sino porque exhiben fallas operativas en instalaciones que deberían ser la primera barrera contra la reincidencia criminal.

El caso adquiere mayor gravedad porque no se trata de un hecho aislado. En marzo ya habían escapado 34 reclusos en Santa Marta, una señal de que la ciudad arrastra una vulnerabilidad persistente en sus centros de detención. Para la administración local, el problema no es únicamente policial: también es político, porque cada fuga erosiona la percepción de control institucional y obliga a responder con cambios en la cadena de mando, anuncios de recompensa y más operativos de búsqueda.

En una ciudad golpeada por disputas criminales y por la presión sobre su capacidad de respuesta institucional, estas evasiones tienen un efecto que va más allá del expediente judicial. Para los samarios, significan mayor sensación de inseguridad y menos confianza en que el Estado puede retener a quienes representan un riesgo para la calle. Y para las autoridades, el mensaje es incómodo pero claro: si las fugas se repiten, el problema ya no es de un solo comandante, sino de todo un sistema que no está funcionando como debería.

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