Colombia

Alias Samantha: la vocera de las disidencias por la que ofrecen $100 millones

Hace 3 horas

Las autoridades ofrecen 100 millones de pesos por información que permita ubicar a alias Samantha, una vocera visible de las disidencias de las Farc. Su aparición en videos, según investigan, no sería improvisada sino parte de una estrategia para legitimar públicamente al grupo.

Las autoridades colombianas intensificaron la búsqueda de alias Samantha, también identificada como “La Enfermera”, una de las figuras visibles de las disidencias de las Farc por quien hoy ofrecen una recompensa de 100 millones de pesos. Más allá del valor económico que se puso sobre su captura, el caso revela algo más delicado: su presencia en videos y mensajes no habría sido un gesto aislado, sino una pieza calculada dentro de la maquinaria comunicacional del grupo armado para proyectar control, justificar sus acciones y ganar terreno en la disputa por la opinión pública.

De acuerdo con la información conocida hasta ahora, Samantha se ha convertido en una vocera con peso dentro de esa estructura ilegal, al punto de aparecer en registros audiovisuales que buscan transmitir autoridad y orden desde las filas insurgentes. Para los organismos de seguridad, esa exposición no es casual. La lectura oficial apunta a que las disidencias no solo operan con armas, sino también con narrativa: necesitan rostros, voces y símbolos para sostener su capacidad de intimidación y presentarse como un actor con vigencia política y militar. En un país donde estos grupos han aprendido a moverse entre la clandestinidad y la propaganda, cada aparición pública tiene una función táctica.

Ese detalle importa porque muestra cómo ha cambiado la guerra irregular en Colombia. Las disidencias ya no dependen únicamente de la amenaza territorial o del control armado en zonas apartadas; también invierten en mensajes, videos y apariciones diseñadas para moldear percepciones, reclutar simpatías y enviar señales a comunidades sometidas a presión. En la práctica, eso significa que el combate contra estas estructuras no se limita a las operaciones militares o policiales: incluye desmontar su relato, cortar sus canales de difusión y evitar que sus voceros se conviertan en referentes de poder en regiones donde el Estado sigue llegando tarde. Para la población civil, especialmente en zonas rurales, esa propaganda suele traducirse en miedo, silencios forzados y mayores riesgos de coerción.

La recompensa por alias Samantha es, en ese sentido, una señal política y operativa. El Estado busca capturar a una figura que representa algo más que un objetivo individual: representa la capacidad de las disidencias para combinar violencia con comunicación estratégica. Y esa combinación es precisamente lo que las vuelve más peligrosas. Mientras las autoridades intentan ubicarla, el mensaje de fondo es que la disputa contra estos grupos no se libra solo en el terreno de las armas, sino también en el de la legitimidad, donde cada video, cada intervención y cada vocería buscan disputar el control del territorio y de la narrativa.

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