Leyva lleva su choque con Petro a Washington y pide la intervención de Marco Rubio
Imagen: El Tiempo - Política
Álvaro Leyva llevó su pelea con Gustavo Petro a Washington y pidió al secretario de Estado, Marco Rubio, que intervenga tras presentar dos acciones legales contra el presidente colombiano. El movimiento eleva un conflicto político que ya dejó de ser solo interno y ahora busca eco en Estados Unidos.
Álvaro Leyva decidió internacionalizar su choque con Gustavo Petro y le envió una carta al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la que solicita la intervención de Washington luego de haber interpuesto dos acciones legales contra el presidente colombiano en ese país. El gesto no es menor: convierte una disputa política y personal en un asunto con potencial repercusión diplomática, en momentos en que la relación entre sectores de la oposición colombiana, el gobierno Petro y actores estadounidenses sigue siendo sensible.
De acuerdo con la información conocida, Leyva acudió a la vía legal en Estados Unidos y, en paralelo, puso en conocimiento de la administración de Donald Trump —a través de Rubio, una de las figuras más influyentes del aparato político republicano— su denuncia contra el mandatario colombiano. La carta, además, eleva el tono de una confrontación que hasta ahora venía librándose en el terreno de las declaraciones, las acusaciones cruzadas y la presión mediática. En el fondo, Leyva parece buscar algo más que una respuesta jurídica: intenta abrir una puerta política en Washington para que su señalamiento tenga efectos más allá de Bogotá.
Este episodio importa por varias razones. Primero, porque muestra cómo la política colombiana ha encontrado en Estados Unidos un escenario recurrente para dirimir disputas internas, ya sea por extradiciones, cooperación judicial, sanciones, relaciones bilaterales o legitimidad internacional. Segundo, porque la figura de Marco Rubio no es neutral: como referente del ala dura republicana hacia América Latina, su eventual atención al caso podría introducir un componente ideológico en una controversia ya suficientemente polarizada. Y tercero, porque cuando un exdiplomático recurre a un alto funcionario estadounidense para respaldar una denuncia contra un presidente en ejercicio, el mensaje es claro: la batalla dejó de ser solo jurídica y pasó a ser también política, con costos potenciales para la imagen de Colombia en el exterior.
Lo que sigue dependerá de si Washington decide darle trámite o no a la comunicación de Leyva. Pero incluso sin una respuesta inmediata, el simple hecho de que un exministro colombiano busque el respaldo de la Casa Blanca o del Departamento de Estado para enfrentar a Petro revela el nivel de fractura interna que atraviesa la élite política del país. En una coyuntura de tanta tensión, cada movimiento de este tipo no solo agita el debate en Bogotá: también pone a prueba la capacidad de Colombia para mantener sus disputas domésticas dentro de sus propias fronteras.



