Irán ratifica 74 latigazos contra una cantante y crecen las críticas por castigo corporal

Imagen: infobae mundo
Amnistía Internacional denunció la dureza del sistema judicial iraní tras la confirmación de 74 latigazos contra la cantante Parastoo Ahmadi. La sentencia, que también afectó a otros ocho procesados, quedó lista para ejecutarse pese a las críticas internacionales.
La confirmación de 74 latigazos contra la cantante Parastoo Ahmadi volvió a poner a Irán en el centro de las críticas por el uso de castigos corporales y por la severidad de su sistema judicial. Amnistía Internacional reaccionó con dureza y exigió a Teherán abandonar cualquier plan de ejecución de penas de flagelación, al considerar que se trata de una muestra más de la brutalidad institucional con la que el régimen castiga la disidencia, la expresión artística y, en general, cualquier conducta que choque con sus códigos políticos y morales.
De acuerdo con lo informado por Infobae Mundo, el tribunal rechazó los recursos presentados por Ahmadi y otras ocho personas procesadas en el mismo expediente, dejando en firme la sanción dictada en primera instancia el 20 de junio. Eso significa que la pena quedó lista para ser ejecutada. Aunque en esta ocasión el caso gira en torno a una cantante, el impacto va mucho más allá del ámbito cultural: en Irán, este tipo de fallos funciona también como mensaje disciplinario para una sociedad donde la justicia suele operar como brazo de control político y social.
El episodio importa porque vuelve a exhibir una constante del sistema iraní: las penas físicas no son un residuo anecdótico del pasado, sino una herramienta vigente para castigar y escarmentar. Organizaciones internacionales han advertido por años que estos mecanismos vulneran de forma flagrante los derechos humanos y contradicen estándares básicos de dignidad humana. En el caso de Ahmadi, la resolución adquiere una carga simbólica adicional, porque golpea a una figura vinculada con la expresión pública y la cultura, sectores que en Irán viven bajo presión permanente por la censura, la vigilancia y la amenaza judicial. La decisión, además, llega en un momento en que la comunidad internacional sigue observando con preocupación el deterioro de las libertades en ese país.
Más allá del fallo puntual, lo que queda en evidencia es la distancia entre Irán y cualquier noción contemporánea de justicia garantista. Para Amnistía Internacional, la respuesta no puede limitarse a una condena retórica: exige frenar de raíz la flagelación como método punitivo. Y aunque las denuncias externas suelen chocar con la rigidez del aparato iraní, casos como este siguen alimentando el aislamiento reputacional de Teherán y profundizan la percepción de un sistema que castiga con más dureza de la que corrige.




