Estados Unidos

Andy Green rompe otro récord en Bonneville con un auto impulsado por hidrógeno

Hace 1 hora

Andy Green volvió a hacer historia en las salinas de Bonneville al superar los 600 km/h con un auto impulsado por hidrógeno. La marca, certificada por la FIA, refuerza la carrera por tecnologías más limpias en los vehículos de alta velocidad.

Andy Green sumó otro capítulo a su historial de récords en Utah al alcanzar más de 600 kilómetros por hora en las Salinas de Bonneville, esta vez a bordo del JCB Hydromax, un vehículo impulsado por hidrógeno. La marca fue validada por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y convirtió la prueba en algo más que una demostración de velocidad: fue una vitrina para una tecnología que intenta abrirse paso en un sector dominado por combustibles fósiles y motores de alto consumo.

Según informó infobae estados unidos, la hazaña se registró en uno de los escenarios más emblemáticos para la velocidad extrema, un desierto de sal que durante décadas ha sido el laboratorio natural de ingenieros, pilotos y fabricantes que buscan romper límites. Green, que ya es una figura asociada a proezas de este tipo, llevó el prototipo hasta una cifra que confirma que el hidrógeno ya no es solo una promesa de laboratorio, sino una opción capaz de mover máquinas diseñadas para exigencias extremas. El detalle no es menor: en una disciplina donde cada variable cuenta, lograr una validación oficial de la FIA le da peso técnico y simbólico al resultado.

Lo que hace relevante esta prueba es que llega en un momento en el que la industria del transporte vive una tensión evidente entre rendimiento, innovación y transición energética. El hidrógeno lleva años apareciendo como alternativa para sectores difíciles de electrificar, especialmente aquellos que requieren autonomía, potencia y recarga rápida. Sin embargo, su adopción ha avanzado con lentitud por costos, infraestructura limitada y dudas sobre su escalabilidad. Por eso, un récord como este no cambia por sí solo el mercado, pero sí sirve para demostrar que la tecnología puede operar bajo condiciones extremas y que la discusión sobre movilidad limpia no se limita a los autos urbanos o a los vehículos de pasajeros. En el fondo, pruebas como la de Bonneville tienen una función política y comercial: empujan la conversación sobre qué tipo de transporte será viable en la próxima década y quién logrará industrializarlo primero.

Para el público en Estados Unidos y también para economías como la colombiana, donde el debate sobre la transición energética ya no es teórico, este tipo de hitos ofrece una pista sobre el futuro de la ingeniería aplicada al transporte. No se trata solo de velocidad, sino de hacia dónde se mueven la inversión, la regulación y la innovación. Si el hidrógeno logra demostrar eficiencia en entornos de alta exigencia, su credibilidad crecerá más allá de las exhibiciones. Y aunque la verdadera batalla sigue siendo construir una cadena de suministro rentable y limpia, cada récord certificado ayuda a que esa conversación deje de parecer una apuesta lejana.

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