Benedetti denuncia una oferta insólita en la campaña de Petro y menciona a Verónica Alcocer

Imagen: infobae colombia
Ángela Benedetti reveló que rechazó una condición que le habrían puesto para asumir la gerencia de campaña de Gustavo Petro: compartir un porcentaje con Verónica Alcocer. La exembajadora calificó el ofrecimiento como insólito y abrió nuevas preguntas sobre el manejo interno del equipo político.
Ángela Benedetti puso sobre la mesa una versión que vuelve a sacudir el relato sobre la campaña de Gustavo Petro: aseguró que le propusieron asumir la gerencia bajo una condición que consideró insólita, porque parte del dinero estaría destinado a Verónica Alcocer. La exembajadora y exconcejal de Bogotá dijo que rechazó esa oferta precisamente por ese componente, que en su lectura no solo era impropio sino revelador de cómo se movían las influencias alrededor del hoy presidente.
Según relató Benedetti, la propuesta no se limitaba a una designación política sino que incluía un reparto de recursos cuya finalidad la dejó inquieta desde el inicio. En su versión, el ofrecimiento se presentó en un entorno donde varias figuras con peso dentro del proyecto presidencial tenían incidencia directa en decisiones clave, lo que alimenta dudas sobre quiénes realmente orbitaban en la toma de decisiones de campaña y con qué nivel de control sobre el dinero y los cargos. La exfuncionaria no solo se apartó del cargo, sino que decidió denunciar el trasfondo que, a su juicio, acompañaba esa negociación.
El dato importa porque toca un punto sensible en la política colombiana: la frontera entre la organización electoral, la financiación de campañas y las lealtades personales que terminan pesando más que las estructuras formales. Si la versión de Benedetti se sostiene, no estaríamos ante una simple disputa interna sino ante un indicio de prácticas que comprometen la transparencia con la que se armó el proyecto que llevó a Petro a la Casa de Nariño. Además, que en la conversación aparezca el nombre de Verónica Alcocer amplía el alcance del caso, porque traslada el foco desde los operadores visibles de campaña hacia el círculo más cercano al entonces candidato.
Más allá del impacto político inmediato, este episodio vuelve a poner bajo escrutinio una constante de la vida pública colombiana: las campañas que se presentan como cambio terminan, en ocasiones, reproduciendo esquemas opacos de poder, favores y acceso privilegiado. Para la opinión pública, especialmente en un país donde la financiación política suele ser terreno fértil para sospechas, estas revelaciones no son un detalle anecdótico. Son una señal de que el debate sobre el origen del poder, y sobre quién lo administra realmente, sigue abierto y lejos de cerrarse.



