Trump revive la fórmula de Corea del Norte para intentar destrabar el caso Irán

Imagen: clarin colombia
Donald Trump vuelve a una vieja receta diplomática justo cuando su presión sobre Irán empieza a mostrar límites: la apuesta por negociar cara a cara con un adversario duro. La pregunta es si esta vez el presidente de Estados Unidos logrará un resultado que no alcanzó con Kim Jong Un.
Donald Trump vuelve a mirar hacia una estrategia que ya probó —y no terminó bien— frente a Corea del Norte: la diplomacia personal con un líder autoritario, la presión máxima y la expectativa de un acuerdo rápido. Ahora, con el frente de Irán en un atolladero, el presidente estadounidense parece recurrir a un recuerdo incómodo de su primer mandato: cuando, pese a la espectacularidad de sus cumbres con Kim Jong Un, no consiguió desactivar el programa nuclear norcoreano y terminó apartándose de las negociaciones.
La comparación no es menor. Según informó clarin colombia, la referencia a Corea del Norte vuelve a instalarse porque Trump enfrenta el mismo dilema de entonces: cómo convertir una amenaza nuclear en un resultado político tangible sin quedar atrapado en una negociación interminable o en una escalada que no controla. En 2018 y 2019, Washington apostó por una mezcla de sanciones, presión internacional y encuentros de alto perfil con Pyongyang, pero el proceso se estancó y Corea del Norte mantuvo su arsenal. Hoy, con Irán, el fondo del problema es similar aunque el escenario sea distinto: el tiempo corre, la desconfianza es total y el margen para un triunfo diplomático se estrecha.
El valor de este paralelo está en que revela algo más profundo que una simple maniobra de política exterior. Trump sigue creyendo en el poder de la negociación directa como herramienta de imagen y de control, pero los antecedentes sugieren que ese método funciona mejor para el gesto que para el desenlace. En el caso iraní, además, el costo potencial es mayor: cualquier error puede disparar tensiones en Medio Oriente, golpear el mercado energético y obligar a aliados de Estados Unidos a tomar partido. Para Colombia y América Latina, aunque parezca un conflicto lejano, el impacto puede sentirse en el precio del petróleo, en la volatilidad de los mercados y en una nueva ronda de incertidumbre geopolítica que siempre termina filtrándose a la economía cotidiana.
Lo que está en juego, entonces, no es solo si Trump logra avanzar con Teherán, sino si puede evitar repetir el patrón de Corea del Norte: mucha puesta en escena, expectativas elevadas y un cierre frustrante. Si la Casa Blanca insiste en resolver por vía personal un conflicto estructural y de largo aliento, el desenlace podría parecerse demasiado al de hace siete años. Y en política exterior, cuando la historia vuelve a tocar la puerta, rara vez lo hace para ofrecer una segunda oportunidad idéntica a la primera.



