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Talibanes arrestan a mujeres en Afganistán por no cumplir su código de vestimenta

Hace 2 horas

Los talibanes volvieron a castigar a mujeres y niñas en Afganistán por no cumplir su rígido código de vestimenta, con arrestos confirmados en Kabul y Herat. La medida profundiza el control sobre la vida femenina y refuerza el aislamiento del país ante el mundo.

Los talibanes confirmaron la detención de mujeres y niñas en Kabul y Herat por no acatar el código de vestimenta impuesto por el régimen, una medida que vuelve a exhibir el alcance del control que ejerce el gobierno afgano sobre la vida cotidiana de las mujeres. De acuerdo con la información difundida por infobae mundo, las autoridades justificaron los arrestos al calificar el incumplimiento del hiyab como un “delito muy grave”, una definición que en la práctica convierte la ropa en un asunto de persecución policial.

El caso no es menor ni aislado. Afganistán vive desde el regreso de los talibanes a una etapa de restricción sistemática de derechos para mujeres y niñas: limitaciones para estudiar, trabajar, moverse sin acompañamiento y aparecer en espacios públicos. En ese contexto, el control sobre la vestimenta opera como una herramienta política de disciplina social. No se trata solo de imponer una norma religiosa, sino de marcar quién puede estar visible y bajo qué condiciones. Las detenciones en Kabul y Herat confirman que la presión no se queda en advertencias o campañas morales, sino que puede terminar en arrestos concretos contra mujeres y menores de edad.

La gravedad de lo ocurrido va más allá del episodio puntual. Cada nueva medida de los talibanes consolida una arquitectura de exclusión que el resto del mundo ha denunciado como una forma de apartheid de género. El mensaje es claro: el Estado afgano no solo regula el cuerpo femenino, sino que lo vigila y lo castiga. Para la comunidad internacional, esto alimenta aún más el debate sobre el reconocimiento o no del régimen, mientras para millones de afganas la consecuencia inmediata es vivir bajo una amenaza constante, donde salir a la calle puede convertirse en una infracción. En términos prácticos, estas decisiones empujan a las mujeres a la invisibilidad y profundizan una crisis humanitaria que ya castiga con dureza a la población más vulnerable.

Lo que ocurre en Kabul y Herat importa porque muestra hasta dónde pueden llegar los talibanes en su proyecto de control social. Si el incumplimiento de una prenda se considera un delito grave, entonces el margen de libertad de las afganas se reduce casi a cero. Y cuando un gobierno convierte la vestimenta en motivo de arresto, el problema deja de ser cultural o religioso: pasa a ser una violación abierta y sostenida de derechos fundamentales.

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