Política

Gobierno de De La Espriella acelera el cierre de la paz total y deja seis mesas en suspenso

Hace 5 horas

El gobierno de Abelardo De La Espriella ya cerró formalmente tres procesos de diálogo en el marco del desmonte de la llamada paz total. Otras seis mesas siguen vivas solo en el papel, a la espera de decisiones administrativas que definirán su cierre.

El desmontaje de la llamada paz total ya comenzó a tomar forma en el gobierno de Abelardo De La Espriella: tres procesos de diálogo fueron cerrados formalmente y otros seis continúan en una zona gris, pendientes de decisiones administrativas que en la práctica terminarían por apagar esas mesas. La movida confirma que la nueva administración busca marcar distancia con la estrategia de negociación amplia que dominó el debate de seguridad en el país y que, en la práctica, había dejado múltiples frentes abiertos sin resultados claros.

Según informó El Tiempo - Política, los cierres ya concretados no agotan el mapa de conversaciones heredado del gobierno anterior. Hay al menos seis mesas adicionales que todavía no han sido liquidadas de manera definitiva, pero cuya continuidad depende más de trámites internos que de una apuesta real por mantenerlas activas. En otras palabras, el proceso de desmonte avanza por capas: primero se formaliza el final de algunos diálogos y luego se deja que el resto se extinga por la vía administrativa, sin necesidad de una ruptura política ruidosa.

Este giro importa porque la paz total se convirtió en uno de los principales emblemas —y también en uno de los mayores costos— del ciclo político anterior. La idea de negociar con distintos actores armados al mismo tiempo prometía reducir la violencia y abrir caminos de sometimiento o desarme, pero terminó enfrentando críticas por su dispersión, por la falta de resultados verificables y por la sensación de que el Estado concedía tiempo sin obtener contrapartidas suficientes. En ese contexto, el gobierno de De La Espriella parece apostar por una narrativa de orden y cierre, más orientada a recuperar control institucional que a sostener mesas que no han producido avances tangibles.

Lo que ocurra con las seis conversaciones pendientes será clave para medir hasta dónde llega la reversa de la política de paz total. Si el Gobierno acelera su clausura, el mensaje hacia los actores armados será inequívoco: la negociación múltiple perdió prioridad y la administración actual quiere redefinir las reglas del juego. Para la gente en las regiones, sin embargo, el asunto no se resuelve en un comunicado ni en una firma; lo que está en juego es si el cierre de mesas viene acompañado de una estrategia de seguridad más efectiva o si simplemente se cambia de nombre al problema sin tocar el fondo de la violencia.

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