Política

De la Espriella celebró en Barranquilla como si ya tuviera la Presidencia

Hace 8 horas

Abelardo de la Espriella celebró en Barranquilla como si Colombia hubiera ganado un título, tras el preconteo que lo dejó a las puertas de reemplazar a Gustavo Petro. La escena, cargada de simbolismo, muestra una campaña que busca convertir el impulso electoral en capital político inmediato.

Abelardo de la Espriella convirtió su celebración en Barranquilla en un espectáculo político con estética de estadio: gritos, euforia y la sensación de que el preconteo ya le había abierto la puerta de la Casa de Nariño. Según informó El Tiempo - Política, el ambiente fue el de una victoria nacional, casi como si la ciudad estuviera festejando un gol decisivo de la selección Colombia, una imagen que no solo retrata el momento sino también la forma en que el candidato quiere narrar su avance: como un triunfo popular, emocional y aparentemente irreversible.

La interpretación política de esa escena es clara. De la Espriella no celebró únicamente cifras preliminares; celebró una narrativa. En campaña, eso importa tanto como el resultado mismo. En un país donde la política se disputa también en el terreno de las emociones, el gesto de Barranquilla buscó transmitir algo más que entusiasmo: confianza, inercia ganadora y la idea de que su proyecto ya logró conectar con una parte del electorado que quiere un relevo frente al gobierno de Gustavo Petro. Pero conviene poner el dato en su lugar: el preconteo no es el cierre definitivo del escrutinio, y en Colombia la diferencia entre una tendencia y un resultado final puede ser decisiva.

Ese matiz es clave porque el episodio no se explica solo por la noche de celebración, sino por lo que representa en el mapa político nacional. Si el preconteo efectivamente lo deja tan cerca de la Presidencia, el mensaje hacia adentro de su campaña es de consolidación; hacia afuera, es una señal de que la oposición o las fuerzas alternativas lograron capitalizar el desgaste del oficialismo. Barranquilla, además, no es un escenario cualquiera: desde la Costa Caribe, De la Espriella proyecta cercanía territorial y una lectura popular del momento, tratando de conectar con votantes que responden tanto al relato de cambio como al lenguaje del triunfo rotundo. En una elección tan polarizada, cada gesto pesa, y una celebración masiva puede funcionar como una herramienta para persuadir indecisos y desmoralizar rivales.

Lo que viene ahora es igual o más importante que la fiesta. Si el resultado se confirma, De la Espriella tendrá que transformar euforia en gobernabilidad, un salto que en Colombia suele ser más difícil que ganar una contienda. Si no se consolida, la misma celebración puede leerse como un exceso prematuro. En cualquiera de los dos escenarios, la escena de Barranquilla deja una lección política: hoy no basta con ganar votos; también hay que ganar el relato, y De la Espriella parece haber entendido que en esta etapa la percepción puede ser tan poderosa como el conteo.

Noticias relacionadas