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El calor ya le está robando sueño a las grandes ciudades españolas

Hace 2 horas
El calor ya le está robando sueño a las grandes ciudades españolas

Imagen: El País

El calor ya no solo incomoda: está recortando horas de sueño en las grandes ciudades españolas y el cambio climático empeora el problema. Un estudio global advierte que millones de personas duermen menos por el aumento de las noches tórridas.

El cambio climático está metiéndose en la cama de millones de personas y, en las grandes ciudades españolas, lo hace con una factura concreta: menos horas de sueño. Un estudio que analiza 1.338 urbes de todo el mundo concluye que el aumento de las temperaturas ha intensificado los problemas para descansar, y sitúa a Valencia, Málaga, Barcelona y Madrid entre las ciudades más expuestas a perder sueño por el calor.

Según el trabajo, los residentes de Valencia dejan de dormir unas 42 horas al año por las altas temperaturas; en Málaga, alrededor de 41; en Barcelona, 39; y en Madrid, 30. La investigación no solo mide la incomodidad de una noche sofocante: cuantifica un daño acumulado sobre la salud, la productividad y la vida cotidiana. Dormir peor no es un asunto menor. Afecta la concentración, el estado de ánimo, el rendimiento laboral y escolar, y agrava riesgos ya conocidos como la hipertensión, la ansiedad o los problemas cardiovasculares.

Lo más preocupante es que el estudio no presenta el calor como una molestia estacional, sino como una tendencia estructural que empeora con el avance del calentamiento global. En ciudades densas, asfaltadas y con poca ventilación nocturna, el calor queda atrapado y convierte el descanso en un privilegio cada vez más difícil de sostener. Esto golpea con más fuerza a quienes viven en viviendas mal aisladas, sin aire acondicionado o en barrios donde el efecto isla de calor se siente con más crudeza. En otras palabras: el problema climático termina expresándose también como una desigualdad social.

La lectura de fondo es incómoda pero clara. Si las noches siguen ganando temperatura, dormir bien dejará de ser una cuestión de hábitos para convertirse en un desafío de salud pública y de planificación urbana. Las ciudades españolas, como tantas otras en Europa y América, tendrán que adaptarse rápido: más sombra, más zonas verdes, mejor aislamiento y políticas pensadas para proteger a la población en las horas en que el cuerpo debería recuperarse, no resistir. Porque cuando el calor roba sueño, no solo se altera el descanso: se deteriora la vida diaria entera.

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