Excancilleres piden a Colombia una diplomacia de puentes, no de bandos
Imagen: El Tiempo - Política
Cuatro excancilleres de Colombia coincidieron en que el país debe dejar la lógica de bandos en política exterior y recuperar una diplomacia más pragmática y unificadora. La advertencia llega en un momento de tensiones globales y de desgaste de la voz colombiana en escenarios clave.
La política exterior de Colombia necesita menos alineamientos automáticos y más capacidad de mediación. Esa fue la idea que dejaron sobre la mesa Carolina Barco, María Ángela Holguín, Julio Londoño y Camilo Reyes durante un encuentro convocado por la Universidad Jorge Tadeo Lozano, donde los excancilleres plantearon que el país no debería insistir en tomar partido por unos u otros bloques, sino recuperar un papel capaz de tender puentes en un escenario internacional cada vez más fragmentado.
La reunión funcionó, en esencia, como un diagnóstico desde la experiencia. Cada uno de los exministros expuso su lectura sobre el rumbo de la diplomacia colombiana y, aunque con matices, coincidieron en que el país ha perdido margen de maniobra cuando convierte sus relaciones exteriores en prolongación de disputas ideológicas internas. El mensaje de fondo fue claro: en un mundo marcado por guerras, polarización y competencia entre potencias, Colombia gana más cuando se presenta como un actor confiable, predecible y útil para acercar posiciones, no como un país que se encierra en afinidades coyunturales.
Ese debate importa porque la política exterior no es un asunto abstracto reservado para cancilleres y embajadores. De ella dependen decisiones concretas sobre comercio, inversión, cooperación en seguridad, migración y posicionamiento internacional. En el caso colombiano, además, cualquier viraje abrupto se siente en la economía y en la relación con socios estratégicos como Estados Unidos, Europa y los países vecinos. La discusión planteada por los excancilleres llega en un momento en que América Latina vuelve a ser observada por su capacidad —o incapacidad— de actuar con voz propia en medio de tensiones globales. Colombia, por tamaño e influencia regional, no puede darse el lujo de una diplomacia errática: necesita continuidad, criterio y una visión de largo plazo que sobreviva a los ciclos políticos.
Lo valioso del encuentro en la Universidad Jorge Tadeo Lozano es que puso sobre la mesa una conversación que suele quedar relegada a los círculos especializados, pero que termina afectando a toda la ciudadanía. Cuando el país se aísla, se vuelve previsible o se deja arrastrar por pulsos ideológicos, pierde oportunidades de incidir en decisiones internacionales que luego repercuten en empleo, exportaciones, cooperación y seguridad fronteriza. El mensaje de estos excancilleres, más que una crítica coyuntural, suena a advertencia: Colombia todavía puede recuperar peso diplomático, pero para lograrlo tendrá que dejar de mirar el mundo como una suma de bandos y empezar a actuar como puente entre ellos.


